Murmurantes Zindy Rodríguez

CON CARIÑO, NIELA JEAN*

SOUL Y PRECISION


Cualquiera tiene una guitarra, Jimi, lo difícil es renunciar a ella. Las guitarras son como las personas, ni buenas, ni malas. El secreto es conocerlas. Cierto, hay quienes pagan fortunas por una guitarra especial. La distinción está entre quienes las ven como un negocio y los que poseen una Gypsy Queen, una Lucille o una Betty. Hey, soy yo. Niela Jean, tu fan número uno. Qué vergüenza. Sé que toco muy mal, pero al igual que tú dejé de esconderme a llorar en el ropero para aprender a gritar con las cuerdas. Primero con tres notas, luego con un ciclo de quintas; finalmente en acordes mayores. Nada sorprendente. Mis canciones son historias de amor fracasado; cortes en las muñecas, lentos y certeros; hipodérmicas comunes con las palabras de todos. Qué ridícula soy, Jimi. Tú eres un Dios que desciende en riffs cromáticos, un arcoíris lento. Tu distorsión, blueseada e impactante, me ha permitido continuar con vida. Primero por querer con todas mis fuerzas comprenderte. Después, por la frustración de no poder ejecutar como tú. ¡Estás muy cabrón! El blues psicodélico nació contigo con la marca de la mano izquierda. Un cuerpo sólido convertido en pizarra de poesía. Pastillas para el aullido interminable; dislocación de una dentadura capaz de martillar en las mentes profanas el sonido del sur; las alas que te brotan con la guitarra en la espalda. Jimi, no pasa un solo día en que no piense en ti. Pero hoy es diferente. Hoy quiero ser una maldita zorra púrpura. La bruja vudú a la que nadie volverá a ver la cara. Hoy busco tu abrazo, Jimi Hendrix. Así sea el último lugar del mundo.


FUZZ


Sensación ácida, la incertidumbre del inevitable alto en el camino; una opresiva y envolvente distorsión, sucia, espesa, en caída libre. Vertiginosa pero definida. Esa sensación, Jimi, sé que te importa un carajo, pero te pido un jeringazo solidario para comprender lo que sucedió. Estaba sola en la enorme casa llena de objetos, anímicamente arriba, dislocada, desordenada, envolvente, lo que sea… Allí estaba, tratando de conservar otro empleo cutre para no despertar de golpe a lo que empezaba a verse como un sueño muy oscuro. Encontrar a Billy fue como subir dos octavas. La tarde que lo topé sentí que algo explotó en mi cerebro. No nos enganchamos de inmediato, solo hubo un click ineludible. Intercambio de números, ya sabes. Luego su insistencia para tener una cita. Billy no sabía lo mal que me encontraba. Un poco por orgullo no le conté que mi mundo estaba a punto del colapso. Ante el diluvio que se avecinaba, subir al Arca de Billy-Noé era la mejor opción. Un Arca llena de cucarachas, polvo, humo y botellas vacías. Pero que, por increíble que parezca, me daba una paz indescriptible. En la primera cita destapamos incontables cervezas y un repertorio que hizo reventar el pequeño amplificador. Tus rolas, Jimi, qué intenso. Me mudé a casa de Billy a los dos meses de conocerlo, solo con unos cuantos objetos personales, algunos libros y mi Les Paul Custom negra, viejísima. El tiempo que siguió a la mudanza fue netamente feliz. Billy y yo nos organizamos armónicamente, teníamos tiempo hasta para leer y tocar. Yo alucinaba con Billy y su emocional relación con la música. Su forma tan peculiar de tocar con las gruesísimas piernas ligeramente abiertas. Se sujetaba a la guitarra con cierta actitud felina. Recuerdo sus frases: «Hace años que no despertaba tan Zappa», me decía con un grito, mientras prendía el amplificador. La guitarra canadiense se veía estupenda colgada de su torso desnudo. No le latían los covers, pero reconoció que podía reproducir tus riffs más atascados. Cuando tocábamos la lira éramos eternos. Tocábamos nuestras rolas. Fue un tiempo de auténtica inspiración. Los viernes bebíamos whisky, fumábamos mota y hacíamos el amor como dioses con una banda sonora psicofónica. En la cúspide de nuestro romance, Billy me sorprendió con un hermoso grabado en mi Les Paul: Niela Jean. Claro que fue en tu honor, Jimi. Fueron días muy felices, sin embargo, vivía mi primavera del amor con la certeza de que despertaría del sueño. Demasiada presión, deudas, una evidente zozobra económica. La cosa era no dejar de escribir. No dejar de aferrarme a la música como una tabla de salvación.


UNIVIBE


El amor oscila con baja frecuencia para representar el sonido de bombas cayendo y de disparos de armas de fuego. Se supone, Jimi, que yo era su chica… Pero, ponerme el cuerno con su Ex… Mierda, como en la canción de Amy, Back to Black. No debía pasar así. Porque pensando en los significados, yo nunca toqué nada de la Ex. Lo terrible pasó una fría mañana, estaba dormida, desnuda y abrazada de Billy bajo muchas cobijas. De pronto sentí un peso ligero pero perceptible sobre mi pierna; por un momento pensé que era el gato, pero la opresión definió unas manos de mujer que gritaba, «¿Qué significa esto?» Lo que siguió fue una escena de teatro del absurdo. La escena de una Ex en pleno ataque de ansiedad. Y bueno, escuché todo lo que la mujer gritó cuando estuvieron fuera del cuarto. Escuché con distancia y cierta pena; sentí una mezcla de lástima con la determinación de huir de aquél lugar inmediatamente, como si me hubieran dado un batazo. Empecé a vestirme, con esa sensación de estar frente a la nada. No tenía realmente a dónde ir, menos con las cosas que tendría que llevarme, objetos personales, libros, la guitarra. La Ex aún estaba ahí cuando salí del cuarto.


CRYBABY


Es un filtro, el corazón corre en una banda de frecuencia variable. Cuando esa frecuencia cambia de valor produce un sonido similar a la voz humana, wah. Voz humana, las palabras de una Ex que llora. Él me buscó wah Me prometió wah Me dijo wah Me llevó dinero wah Por fin le dieron algo por sus letras, wah Alguien creyó en sus canciones. Nuestra suerte cambiará wah Te lo prometo wah En cualquier momento. A medida que mi corazón era presionado, aumentaba la amplitud de las frecuencias altas y la de los bajos. Comprendí de golpe que Billy registró mis canciones a su nombre. El amante perfecto reducido a un mortal plagiador. Sentí nauseas, me precipité a la calle con mi mochila y la guitarra. Billy no corrió tras de mí. Vomité en la banqueta.

Jimi, sé que es lo mejor. Todos estaremos mejor, pero no podía creer que mi Billy me jugara tan chueco, sin detenerse un instante a pensar en nuestros sueños. Recordé las noches que, después de tres caguamas, me decía «No seas mediocre. Eres mal músico, pero te enseñaré unos trucos». Todo me daba vueltas. Niela Jean es la autora de todas las canciones, Billy solo las registró. Niela Jean grabado en la guitarra, sólida y bella. Niela Jean patinando en un enorme techo de cristal. Cuánta rabia. Tomé la lira con las dos manos y la azoté contra el suelo. Quise quemarla, escupirla, lanzarla al agua, y otro golpe seco, otro más, hasta que el cuerpo se separó del brazo. Va por ti, Jimi Hendrix, más golpes, más de esa inconmensurable pasión, la guitarra dejaba de ser, para significar. Niela Jean serás eterna. No había nada de revancha en la destrucción, nada revolucionario o transgresor, solo un final enmarcado en un acto hermoso.





*Para Niela Miller. Cantautora folk norteamericana a quien se atribuye la autoría de Hey Joe (Baby, Please Don’t Go To Town, 1955) Su novio Billy Roberts registró la canción con algunas modificaciones. Jimi Hendrix la lanzó como sencillo en diciembre de 1966, Jimi Hendrix Experience catapultándolo a la fama casi de inmediato.


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