Primer movimiento
¿Será el verso enunciado que «Hay cosas difíciles de explicar», el timbre del piano o la voz del coro al fondo lo que me conmueve tanto cada vez que escucho Bright Horses de Nick Cave y sus Bad Seeds? Conozco el antecedente trágico de la familia Cave previo a la salida del álbum Ghosteen, que contiene la pieza, y aun así es la música la que dibuja lágrimas inusitadas sobre mi rostro: vibro hacia la aflicción y esperanza que la canción me proyecta.
Segundo movimiento
Vladimir Jankélévitch pregunta si la música «¿es un divertimento fútil?, ¿o acaso se trata de un lenguaje cifrado, como el jeroglífico de un misterio?» Para mí depende del momento: en el día me distrae del tedio pasajero; en cambio, en las horas sin sol, qué mejor ungüento que alivie las llagas no visibles, en el sentido de los antiguos egipcios quienes la ocuparon en sus rituales de curación del cuerpo físico (el jat) para que no perdiera su consonancia con el doble inmaterial del yo (el ka) y la energía vinculante entre el universo invisible y el mundo sensible (el ba).
Coda
El color de la música tonal, su riqueza, puede ejercitarse mediante las disciplinas de la armonía (sonidos simultáneos) o de la melodía (sonidos sucesivos), ésta última a través del contrapunto: a un dibujo musical establecido (el canto dado) se le compone otro con base en sus características de movimiento (el contracanto), pregunta-respuesta. A la manera que los pitagóricos consideraban que cada planeta emitía un sonido de acuerdo a una relación interválica con la Tierra (la Armonía de las Esferas), cada persona tiene su propia melodía. Observo y escucho a la gente en la calle para jugar a adivinar su tonada personal, interpretada a través del ritmo con el que caminan y el tono de voz con el que hablan. Jamás los conoceré, así que nunca confirmaré mis hipótesis; sin embargo, es evidente cuando alguien carga una disonancia exacerbada, como el intervalo de cuarta aumentada: el diabulus in musica. Hasta nosotros, me incluyo, podemos disfrutar del consuelo que brinda la música, contrapunto que temporalmente resuelve nuestras disonancias en consonancias, da respuesta a nuestras preguntas inefables mientras borda el contorno del alma, jeroglífico difícil de explicar.
