Alan Dantés Murmurantes

Primera antología personal

Un día me atreví a dejar la comodidad en el cajón y aventarme al vacío. ¿Poesía?, me pregunté, y con muchas dudas me inscribí al taller de poesía de Mariana Bernárdez. Esperé encontrarme con sonetos ininteligibles y versos densos, pero en cambio Mariana sentenció: “La poesía no se entiende, se siente”. Entonces, me abandoné a poemas que me ensancharon el corazón, me cambiaron la mirada y, finalmente, la vida. 

Con Pedro Garfias sentí el peso de la barbarie de la humanidad; con Rosario Castellanos e Idea Vilariño, que los sentimientos no caben en el cuerpo. A cada uno les admiro a por plasmar, en pocas líneas, sentimientos e instantes. He aquí, tres de estos poemas para que los disfrutes –y los sufras-:

Llanto sobre una isla

Ahora

ahora sí que voy a llorar sobre esta gran roca sentado

la cabeza en la bruma y los pies en el agua

y el cigarrillo apagado entre los dedos…

Ahora

ahora sí que voy a vaciaros ojos míos, corazón mío,

abrir vuestras espitas lentas y vaciaros

sin peligro de inundaciones.

Ahora voy a llorar por vosotros los secos

los que exprimís vuestra congoja como una virgen sus

pechos

y por vosotros los extintos

que ya exhaláis vapor de hieles.

Ahora voy a llorar por los que han muerto sin saber

por qué

cuyos porqués resuenan todavía

en la tirante bóveda impasible…

Y también por vosotras, lívidas, turbias, desinfladas

madres,

vientres de larga voz que araña los caminos.

Un llanto espeso por los pueblecitos

que ayer triscaban a un sol cándido y jovial

y hoy mugen a las sombras tras las empalizadas.

Y por las multitudes

que pasan sus vigilias escarbando la tierra…

Un llanto viudo por los transeúntes

tan serios en el ataúd de su levita.

Ahora

ahora puedo llorar mis llantos olvidados

mis llantos retenidos en su fuente

como pájaros presos en la liga.

Los llantos subterráneos

los que minan el mundo y lo socavan

los que buscan la flor de la corteza

y el cauce de la luz, los llantos mínimos

y los llantos caudales, acudan a mis ojos

y fluyan en corrientes sosegadas

e incorporarse al llanto universal.

Sobre esta roca verdinegra

agua y agua a mi alrededor

ahora sí que voy a llorar a gusto.

Pedro Garfias

Se está solo

Solo como un perro

como un ciego un loco

como una veleta girando en su palo

solo solo solo

como un perro muerto

como un santo un casto

como una violeta

como una oficina de noche

cerrada

incomunicada

no llegará nadie

no pensará nadie en su especie de muerte

no llamará nadie

nadie escucharía sus gritos de auxilio

nadie nadie nadie

no le importa a nadie.

Como una oficina o un santo o un palo

incomunicado

solo como un muerto en su caja doble

golpeando la tapa y aullando

y en casa

los deudos ingieren neurosom y tilo

y por fin se acuestan

y al otro la muerte le tapa la boca

se calla se muere y le arrecia la noche

solo como un muerto como un perro como

como una veleta girando en su palo

solo solo solo.

Idea Vilariño

En el filo del gozo

I

Entre la muerte y yo he erigido tu cuerpo:

que estrelle en ti sus olas funestas sin tocarme

y resbale en espuma deshecha y humillada.

Cuerpo de amor, de plenitud, de fiesta,

palabras que los vientos dispersan como pétalos,

campanas delirantes al crepúsculo.

Todo lo que la tierra echa a volar en pájaros,

todo lo que los lagos atesoran de cielo

más el bosque y la piedra y las colmenas.

(Cuajada de cosechas bailo sobre las eras

mientras el tiempo llora por sus guadañas rotas.)

Venturosa ciudad amurrallada,

ceñida de milagros, descanso en el recinto

de este cuerpo que empieza donde termina el mío.

II

Convulsa entre tus brazos como mar entre rocas,

rompiéndome en el filo del gozo o mansamente

lamiendo las arenas asoleadas.

(Bajo tu tacto tiemblo

como un arco en tensión palpitante de flechas

y de agudos silbidos inminentes.

Mi sangre se enardece igual que una jauría

olfateando la presa y el estrago.

Pero bajo tu voz mi corazón se rinde

en palomas devotas y sumisas.)

III

Tu sabor se anticipa entre las uvas

que lentamente ceden a la lengua

comunicando azúcares íntimos y selectos.

Tu presencia es el júbilo.

Cuando partes, arrasas jardines y transformas

la feliz somnolencia de la tórtola

en una fiera expectación de galgos.

Y, amor, cuando regresas

el ánimo turbado te presiente

como los ciervos jóvenes la vecindad del agua.

Rosario Castellanos

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