Mors Amoris. De cómo Ovidio habla desde la muerte

Mors Amoris. De cómo Ovidio habla desde la muerte

Por  Maria Calle Bajo

Treinta y cuatro epigramas descienden al más marino de los fondos del poeta mexicano, Fernando Salazar Torres. Catábasis que encuentra la apologética sacudida del alma en huesos para reverenciar desde un alter ego ovidiano, con desafiante exculpación, la difusa e inconcebible imposición de exilio. Como una suerte de viaje donde Caronte acoge el llanto como agua moribunda. El poeta romano, cual óbolo, como cofre por el mar Negro, llega al lector en esta guirnalda poética,  cual ofrenda literaria de inmarcesible parlamento. 

En el trasunto de la atenta y juiciosa lectura alumbran vértices que definen la colérica discordia: ¿que por qué la Historia me recuerda más que a ti? SALAZAR, II, 1; […] Yo gané la eternidad, tú la muerte. SALAZAR, VII, 2. También la justiciera paz se agita y se ensalza desde la portentosa voz lírica del autor: Abre cualquier verso hispano y ahí escucharás mi voz. SALAZAR, IV, 2. Sentencias del sacudido logos que no pronuncian más que la escindida libertad; la sometida psique. De Poeta a Poeta. De Ovidio a Fernando… Donde todos nos reconocemos.

Escribo que «la muerte nunca tiene prisa» porque soy hilandera (transductora) entre el tejido de estos textos, si me permiten, romanizados, donde la rueca del lirismo acoge la voz en primera persona del poeta del amor, para ensalzar el tópico universal por excelencia, dado que el amor, el cual conlleva su tormento, afecta a la condición humana «per saecula saecolorum»: Y la lluvia en olmo trae tu recuerdo y en mis ojos vives (Epigrama VIII); y cien exilios más cien exilios y otros cien más/  por un beso tuyo,  por  uno solo y volver a mi inmortalidad, SALAZAR, XX, 6-7 [Eco lírico que remite a los 3300 besos de Catulo dirigidos a Lesbia, por el gran poeta romántico latino de la primera mitad del siglo I a.n.e., legado literario que se encuadra dentro de la época Clásica de Julio César:

Da mi basia mille, deinde centum,

Dein mille altera, dein secunda centum,

Deinde usque altera mille, deinde centum.


CATULO V, 1-3]

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Pero también la poesía del hombre de carne y hueso que oscila en cuerpo y alma como sol que se cobija en la luna de un eviterno destierro: […] donde ahora mi sombra/ revive mis días infaustos, lector. No temas, no estoy vivo., SALAZAR, IV, 3-4

Desde el vocativo inicial: ¡Cuánta oscuridad, Corina! […] SALAZAR, I, 1, Salazar Torres revela la nota dominante de la obra Mors amoris, pues apela, mediante la versada y compleja expresión narrativa, a la inclemente sed de justicia: Tiempo al tiempo, y a ti sepultura., SALAZAR, XVIII, 3. Al tiempo que las imágenes se revelan con la racionalizada aceptación del melancólico e involuntario destierro: me quedaré oyendo de día las olas que desde hace/ dos mil años me cubren y guardan. // Me quedaré en Tomis, mi tierra verdadera, SALAZAR, XXIX, 13-15.

Un grito anafórico por el exilio que el autor mexicano desvela en el sigilo del simbolismo sobre los elementos naturales que contribuyen a la estructura y expresión poéticas: El mar, el sol, el cielo… Y que encumbra con la tradición metafórica más hispana y reveladora: la noche, el día, el mar, la luz, la oscuridad, la primavera, el otoño… 

El desafío lírico se transfiere a la voz del célebre poeta latino, Ovidio, quien debate y cuestiona el poder del primer emperador romano, Augusto (Octavio) y que Fernando Salazar articula mediante encrucijadas reflexivas y retoricistas: Durante el exilio no había día ni noche, / sólo un pensamiento: llevar tu nombre a la ruina., SALAZAR, VI, 1.

El caudal intimista y estremecido que el poeta Salazar acuña en esta personificada obra se vertebra en tintes manriqueños de un reconvertido «ubi sunt» por un «ubi est», pues el carácter profundo y emotivo de la composición refleja el estado anímico de resarcimiento que embiste una psique despoblaba. La proclama de una frontera sin patria. El temple de una eternidad sin sosiego que el escritor mexicano configura con maestría en el lírico y analépsico desdoblamiento: El mito de Ovidio me recuerda como triste/ y alejado de su patria, pero yo soy ese infame/ que, tras el exilio, lloró a tierra lejana., SALAZAR, XIX, 1-3.

Un exilio del que parece ser Cerbero el único testigo. 

Es a través de estos selectos epigramas como Fernando Salazar Torres brinda de sentido térreo y celestial el trayecto vital, intelectivo e historiográfico de la pulsión de un poeta vivo, pues no cesa; ni debe, ni puede cesar el diálogo con los clásicos ni personificando sus muertes.