Primero. El miedo: ingrediente esencial en mi vida. Él es un fantasma que recorre mi piel, sacude mi voz y entorpece mis pies. Después, un beso, que condensa en sí mismo la historia del mundo.
Segundo, las comisuras de tus labios, esa sutilidad de la que surge la imaginación en mí. Después, lo efímero: ¡que irónico!… se vuelve en una sensación de largo aliento…
Tercero, la sensibilidad de tocarme suavemente y con ello revolver como el mar la obscuridad que tanto le pertenece al fondo. Después, el ritmo, el movimiento más sofisticado que existe.
Cuarto, la lluvia, la sonoridad desbordante que ciñe a la ciudad. Después, mi huida, ese momento que evita que tú abraces la forma de mi corazón.
Alejandra Pérez Torres