Parte I. El regalo sagrado.
Todo lo que respira tiene ritmo. Cadencioso liga suspiro, tras suspiro en compás con los latidos del corazón. El cuerpo camina a su dictado; pulsación incontenible. El habla se ajusta al movimiento: reposo/tensión. Cada voz un ritmo, cada persona una canción.
En música, el ritmo se cifra con figuraciones ligadas a valores numéricos, la ciencia de los números decía San Agustín. Sin llegar a ser matemática, la música tiene con ella un coqueto vaivén.
La canción Lateralus, del álbum del mismo nombre de la banda Tool, exalta la dinámica matemática-musical mediante compases de tiempos sincopados. Ha trascendido que la métrica de las vocales sigue la enumeración de la secuencia Fibonacci (1,1,2,3,5,8,13…), lo que no es casual: la serie está ligada geométricamente con la “espiral áurea”, patrón de la naturaleza que es visible de lo macro a lo micro: galaxias, huracanes, girasoles, conchas marinas; referente de perfección en la época clásica y el renacimiento. Aquí, la geometría sagrada sonora se compone con base en el ritmo del canto y concuerda con el tema de la letra sobre el despertar místico: la espiral que vincula lo divino con lo humano (to feel inspired/ to swing on the spiral/ of our divinity/ and still be human). Fanáticos de la banda leen que este juego de sílabas propone un orden alternativo de las canciones del álbum para formar otro disco oculto dentro de sí, mismo que han titulado como El Regalo Sagrado (The Holy Gift).
Hay quien considera la existencia como un regalo sagrado, no habría más que leer el periódico para refutar esa noción; sin embargo, algunos recuerdos que atesoro, engarzados en espiral horizontal develan un flujo: mi propia canción secreta que me regala una sonrisa, no pido más.
Cada voz un ritmo, cada persona una canción:
¿
soy
yo
ritmo?
Respiro
en silencio.
Al compás del palpitar, voy
resonando en dicha con amor-evocación,
que pare al magno cosmos.
En armonía,
respiro.
Ritmo
en
mí
.
Próxima entrega: Parte II. Génesis a color.