En la víspera de los treinta y siete
me encontraba sin sueño y recostada,
no se tornaba la mente inconsciente,
enojada por la eterna velada.
“Deberías levantarte y escribir,
una reflexión que hable de la vida,
sobre el aprendizaje y el porvenir”,
pero mi mente quería estar dormida.
Un ruido ajeno escuché en la cocina,
me levanté a ver pero no había nada
voy a escribir, la ansiedad me calcina.
“Compón un poema con metro y rima,
que sea un soneto sobre tu vida”,
no seas ridícula, ¿en la cocina?
Me sentí aliviada al despertar en medio de la noche y descubrir que había sido solo una pesadilla, que en realidad no había escrito ese estúpido poema de rima imperfecta. El sueño se me había evaporado y pensé que no era una mala idea eso de escribir una reflexión a propósito de mi cumpleaños, no un poema, pero si una reflexión sobre lo que he aprendido y desaprendido a lo largo de mi vida, sobre las personas que me han acompañado en el camino y me han enriquecido en la interacción, sobre la madurez y su verdadera significación, sobre el mundo que me ha premiado con sus atardeceres soleados y sus mañanas lluviosas, en fin, pensé tantas cosas que plasmar, pero deseaba dormir. Me pareció preferible descansar para celebrar al otro día un año más. La verdad es que me fue imposible, mi mente estaba muy despierta. De pronto escuché sonidos en la sala, me levanté a ver y encontré la ventana abierta, el viento entraba y movía las cortinas, pero no había nada.
Ya me había levantado, fui a mi escritorio y pensé que sí debía escribir esa reflexión, así que me dispuse a hacerlo.
“Hoy es veinte de septiembre del 2016, estoy cumpliendo 37 años de respirar a través de estos pulmones que nacieron, se desarrollaron, maduraron y se están atrofiando conmigo.
Hoy me doy cuenta de las cosas importantes de la vida: la buena compañía, la buena comida, la tranquilidad y el autoconocimiento. He observado quebrarse mil verdades en mis juicios a fuerza de cuestionarme todo, incluso a mí, a mí más que a nadie. No hay razón para temer al monstruo del armario, o a la soledad, no hay razón para hacer del cumpleaños una fecha importante o para comer pastel ese día.
Buscar la felicidad sí, esa es la única verdad que no se me ha quebrado. Seguiré viendo pasar los veintes de septiembre con ese propósito y no sé si seguiré reflexionando sobre la vida. Mientras, tan solo espero despertar de esta vigilia de los 37”.
Shaila Esquivel Brizuela