Fotografía de máquina de escribir
Arte y Cultura

Ausente

Adriana Gómez Ávila, nacida el 23 de enero de 1966 en el entonces Distrito Federal, falleció a los 19 años, a causa de un accidente vial en el cruce de Tacuba y Eje Central, el 24 de agosto de 1985; tres días después daría su último suspiro. 

A casi 40 años de su muerte, rescato un poema sin título, cuyas palabras se conservaron entre sus cuadernos de notas y, tras ser descubiertas, fueron atesoradas por su madre, mi abuela.

Hoy, gracias a este espacio literario, comparto su poema, impregnado de los recuerdos de quienes fueron testigos de su vida y de mis investigaciones genealógicas que me llevaron a descifrar quién fue mi tía: una mujer expansiva que escribió poesía en su máquina Olivetti Dora.

Alfredo Gómez Ruvalcaba

Ausente

por Adriana Gómez Ávila

Quiero al irme, Padres,

No dejarles amargura

Quiero que tengan, entonces,

Lo que tuvieron de mí en vida;

que aunque lejos de ustedes,

sientan como ahora mi ternura.

Que estando ausente, su amor en mí

me conserve la vida

Que mi herencia para ustedes

sea de dulzura.

Que sientan, pero que no lloren

mi ausencia. Recuerden entonces

que los espero en la llanura

infinita e intensa, donde está

lo inerte.

Ese día, Padres empezará nuestra

                                               suerte.

Entonces, Padres

tendré para ustedes una nube.

Vendré a su tiempo por ustedes,

dándoles un beso en la frente,

diciéndoles como ahora:

Vengan conmigo, suban.

Mientras tanto, sigan su vida

                                              viviendo.

Sean igual siempre, que no los derrote

                                                    el llanto.

Rían con mi risa, para que suya siga

                                                   siendo;

que aunque ausente los seguiré

                                                        queriendo.

Nunca me sientan ni me oigan

                                         como espanto.

Mientras, vivan con mi recuerdo.

Quiero que sea esto, un testamento

de un intenso amor por ahora mudo.

Ya ausente, nada inerte les dejo

Ausente, ¡todo en mi respira vida!

Tengan presente que allá …

                            será nuestra la vida.

Yo no les dejo arcones de plata y

                                                    oro;

lo que les dejo como riqueza, es

                                           pobre,

sólo unas frases diciendo que los 

                                             adoro,

escritas en papel de corazón, envuelto

en el sobre de mi último aliento.

Esto es, Padres

mi pobre testamento.

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