Murmullos Murmurantes

Apuntes sobre una arruga en la frente

I

Era noviembre, apenas hacía una semana de mi cumpleaños, y una amiga me visitó para celebrar. Antes de despedirnos aprovechamos el momento y nos tomamos una fotografía. Al día siguiente la vi y noté que tenía una arruga en la frente, se encontraba de forma vertical entre mis cejas y era inmensa. Me angustié. Para hacerme sentir mejor, cualquiera me diría que es un símbolo natural del paso del tiempo y que todo mundo tiene alguna, pero eso no me consuela. ¿Cuándo habrá aparecido? Lo único que sé sobre ella es que aparece cuando no le creo a alguien o cuando quiero encontrar alguna palabra para expresarme. Es más común verla tras una noche de insomnio o cuando me enojo, lo cual me pasa seguido (más lo primero que lo segundo).

Había dejado el tema de lado pero un día me invadió la tristeza y la arruga en la frente apareció, aunque ya no pensaba en ella, simplemente sentía nostalgia por aquellos amigos de los que me despedí a palabra suelta, y también recordaba a mis amigos de los que a pesar de haber vivido grandes aventuras nos alejamos en silencio. No creo que un adiós signifique que fue una mala amistad o que no fue verdadera. Para haber terminado, razones sobran y con algunos amigos faltan, pero en ambos casos quedará la duda de si tuvieron el mejor final y la certeza de que siempre los extrañaré.

II

Pasa el tiempo y esas expresiones que se desvanecían después de reír o llorar, ahora van sobreviviendo en la piel, muestran lo vivido. Esas llamadas imperfecciones me recuerdan que aprender, por momentos, es cansado y también gozoso. Ellas me hacen saber que está bien cometer ciertos errores pues de la imperfección surgen cosas nuevas.

Me abrazo.

III

Para borrar las heridas del tiempo me sumerjo en el mar, voy al fondo a encontrar aguas tranquilas, muy profundo, casi sin ver la luz del sol.

Alejarse para encontrarse, que la sal ayude para sanar el paso de los días.

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