Apuntes intempestivos sobre la Poética
La poética de Aristóteles se presenta como un texto que no pertenece a un sólo instante sino que abarca una actualidad permanente. A pesar del tiempo transcurrido sus lectores nunca serán indiferentes al discurso aristotélico. Partimos del hecho de que la Poética es un texto que nunca tuvo como finalidad ser publicado. Su utilidad consistía en ser un texto de divulgación interna de carácter esotérico. El mismo Ciceron dividía los textos aristotélicos en dos grandes universos. Existían los textos exotéricos o publicados cuya finalidad era la divulgación, y los que sólo se podrían considerar como apuntes para uso personal e interno, es decir, los de carácter esotérico. La Poética, así pues, se trata de un texto que había sido concebido para la enseñanza oral dentro de la escuela, a veces de manera discontinua y escrita en diferentes momentos, cuya publicación jamás fue pensada.
Nos enfrentamos a una obra que reflexiona sobre de la noción de la obra de arte, poniendo énfasis en las artes dramáticas, literarias y musicales. Aristóteles creía que todas ellas eran imitaciones, pero estas imitaciones se distinguen entre sí porque son imitaciones que utilizan medios diversos o imitan desde la diversidad.
Hay que recordar que para Aristóteles los medios de imitación se centran en el lenguaje, la armonía y el ritmo. En esta época la gran distinción que Aristóteles hacia sobre el arte se centraba en el hecho de que algunas disciplinas usaban distintos medios de imitación. Las artes musicales, por ejemplo, buscaban la armonía y se centraban en el ritmo. La danza, por su parte, sólo buscaba el ritmo. Y estas fueran las primeras grandes divisiones sobre el arte que el pensador griego consideró.
Así, la noción de mímesis nacido en la antigüedad, pero más concretamente la visión de Aristóteles, es uno de los principios estéticos que más tiempo han sobrevivido. El concepto es un pilar de la historia artística de la antigüedad, y por supuesto, de la antigüedad griega. Para Aristóteles la actitud estética tenía un carácter expresivo que provenía de la realidad, de su imitación, que después derivó en la representación de la realidad como una forma de arte: escultura, pintura y teatro. Esta imitación, sin embargo, se entendía como una capacidad que tenían los actores pero no exactamente los copistas.
Según los historiadores, el concepto no hace su aparición dentro de los trabajos de Homero. Y para referirse a esta condición, el creador de la Ilíada no dudo en referirse a los misterios que se hallaban en lo oculto y que tenían un nexo con la realidad. Por su parte Platón tampoco se centró en el concepto de mimesis sino que prefirió hablar sobra la descripción de las cosas, pues él no aceptaba por completo que las artes imitaran a la realidad ya que considera que el camino para llegar a la verdad no podía ser el de la imitación. Platón, por supuesto, concibe a los proceso de imitación como procesos pálidos provenientes del mundo de las ideas, algo que la composición de las imágenes por el arte es la encargada de convertirlas en formas visibles para el hombre.
Así pues, Aristóteles con la contemplación y examen del mundo físico propone nuevos puntos de vista jamás considerados para analizar el fenómeno de la imitación. El filósofo va más allá, ya que menciona que la mimesis no consiste en sólo imitar el mundo de las ideas, sino en realizar un acto mimético frente a todos los componentes del mundo, frente a la realidad natural y las sensaciones humanas, pasando por las acciones, los pensamientos, el dolor, el amor, la pasión y un larguísimo etcétera.
Aristóteles mencionaba que el arte tiene una capacidad especial que le permite presentar las cosas más bellas de lo que son. En su Poética nos dice que el arte consiste en imitar las características de las cosas que son esenciales, típicas y generales. El arte, por lo tanto, es una imitación de la realidad, pero esta copia no consiste en una imitación fidedigna del mundo, sino en un enfoque particular que nace de la mente y de la visión del maestro que realiza la obra de arte. El artista es un creador que trabaja con el mundo externo, y a su vez, con lo que hay contenido en su espíritu.
Para Aristóteles, la mimesis consiste en un trabajo complejo pues todo inicia con la imitación de las actividades humanas para luego trasladarse a la imitación de la naturaleza, pero manteniendo en todo instante un conocimiento adquirido y desarrollado a través de la visión artística. Ante esta categoría, el arte debe ser entendido como un elemento que no posea una utilidad evidente, en el sentido estricto de la “técnica”. El arte puede ser considerado como un conocimiento de lo estrictamente no necesario, su contenido puede ser de naturaleza personalísima y en muchos casos no se encuentra acompañado de la acción ni de la producción.
Muchos son los problemas teóricos que se pueden discutir a través del pensamiento que Aristóteles. Quizá todo consiste en recordar que para el ser humano la palabra “técnica” lo remite a la búsqueda de una meta final; sin embargo, las creaciones artísticas funcionan de otra forma, otro proceso las conduce; ellas sirven para modificar la realidad a través de sus procesos internos. Su producción existe, pero es muy diferente a la producción que emana sólo de la técnica. El objetivo de las creaciones artísticas es difícil de comprender ya que no buscan un obrar o un hacer, sino a una producción que imita a la naturaleza, no a las ideas perfectas del mundo de los arquetipos, sino a “eso” que la naturaleza es incapaz de producir. El texto de Aristóteles nos ofrece esta reflexión y se presenta como un punto de quiebre ante el concepto mismo de arte e imitación. Es casi como si Aristóteles en sus reflexiones se centrara en una serie de conceptos que señalan una forma de soberanía, una autonomía estética de la acción.
Al margen de estos pensamientos me gustaría mencionar una reflexión completamente personal. Si bien desde la antigüedad al arte es considerado como una forma de conocimiento no útil, es importante considerar que esta noción se haya modificado a lo largo del tiempo. Aún hoy se considera al arte como un conocimiento “extraño” que puede formar o no parte del universo de los hombres. Las sociedades no dudan en situarlo en un espacio aparte, e incluso, se cuestiona su valor. Pero, ¿es realmente el arte sólo una técnica? Y más aún: ¿De verdad carece de valor el conocimiento que podemos extraer tanto de la creación como de la contemplación de los objetos artísticos? El arte contiene una espacial forma de conocimiento, la cual se destina única y exclusivamente en profundizar en la condición humana. Por lo tanto, ¿qué valor puede adquirir algo que se elaborar para que el ser humano pueda profundizar más y más dentro de él mismo? Incluso hay que recordar que Platón llama a todos los poetas mentirosos, porque trabajan con figuras que muestran realidades paralelas y terminan por engañar a los sentidos. Sin embargo, en la concepción aristotélica se elogia a Homero porque enseñó a los demás a contar mentiras como es debido. Aristóteles, en cambio, parece negar la identidad entre la mímesis y el reflejo de una realidad de otro orden en su crítica de arte. Hay que recordar que arte y poesía son sinónimos en el mundo griego. Aristóteles parece restringir la noción de mímesis a la de “praxis”.
Es decir, la imitación que produce el arte no se refiere a cualquier peculiaridad presente en el mundo, sino al pensamiento de los hombres que se desprende del mundo natural, de las cosas, del mundo, del rio, de los bosques y del silencio con que se mueven los siglos por la tierra.
Alejandro Cruz