Murmullos Murmurantes

Botella al mar: escuadrón 421

No lo olvides, hijo

Tu avión de papel
tiene más de avión
que de papel.

Miki Naranja

A veces pienso que publicar lo escrito es, en todo caso, una suerte de necesario desprendimiento de lo propio, que consiste en arrojar al mar un mensaje al interior de una botella. La realidad es que una vez iniciada esta travesía perdemos el control de las palabras que creemos enteramente nuestras. El viento será favorable si el mensaje arriba al puerto seguro de la lectura y al encuentro con el diálogo, como destino final. Sólo así, las palabras vivirán sin naufragar. 


Como proveniente del mar, hace unas semanas recibí un archivo periodístico. Su contenido abre la crónica de aquello que emergió de las montañas del sureste mexicano, a partir de una madrugada de enero de 1994. En aquel entonces contaba con tres años; y aun cuando llegué a tener diez, tampoco pude presenciar la entrada de una caravana galopante de encapuchados, al zócalo de la Ciudad de México (2001). Años más tarde, incluso desconociendo que llegaría a mí este archivo, inicié un viaje al sur del país para conocerlos. Sí, me refiero a las y los zapatistas y a su Ejercito Zapatista de Liberación Nacional; los mismos que decidieron hacerse «soldados para que un día no sean necesarios los soldados»1 al tiempo que se mantuvieron fieles a la esperanza como vocación y profesión:

Los que para hacernos escuchar tenemos que morir, los siempre olvidados de las ideas revolucionarias y de los partidos políticos, los ausentes de la historia, los presentes siempre en la miseria, los pequeños, los mudos, los eternos infantes, los sin voz y sin rostro, los abandonados, los receptores del desprecio, los incapacitados, los abandonados, los muertos sin cifras, los instigadores de la ternura, los profesionales de la esperanza, los del digno rostro negado, los pura rabia, los puro fuego, los del ya basta, los de la madrugada, los del para todos todo, para nosotros nada.

Los de la palabra que camina, nosotros, queremos no el deber, no la gloria, no la fama. Nosotros queremos ser simplemente la antesala del mundo nuevo. Un mundo nuevo con una nueva forma de hacer política, un nuevo tipo de política de gente del gobierno, de hombres y mujeres que manden obedeciendo. 

La Jornada, mayo 17 de 1994 

Los sin rostro, cuya lucha es en defensa de su tierra y de nuestra libertad. Porque los indígenas organizados en la profundidad de la sierra, guiados por un añejo sentimiento de dolor transformado en rabia, los hombres y las mujeres de armas, con los niños y las niñas de grandes sueños; son también los alegres bailarines de la palabra verdadera, aquella que anida en el corazón de quien aprende a recibirla:

Nosotros hemos de abrir de nuevo la puerta del corazón hermano para que reciba nuestra palabra. Hemos de decir la verdad por nuestra boca, hemos de poner el corazón en las manos nuestras. 

La Jornada, abril 11 de 1994 

Artistas de la palabra, cuya escritura es una constancia en su resistencia. Sea mediante los comunicados oficiales del Comité Clandestino Revolucionario Indígena, las enseñanzas del Viejo Antonio (1998), las respetables palabras del escarabajo Durito (1994) o las ocurrencias de Gato-Perro (2016); a las y los zapatistas hay que reconocerles su capacidad de construir espacios de diálogo a partir de la fuerza motora de las palabras. En efecto, su valor más grande, después del logro y sustento de su autonomía, es su capacidad comunicativa. Claro, esto resultará innegable para quienes tengan el valor de escuchar las entrañas de la tierra y no permanecer absortos ante el estruendo:

 ¿ESCUCHARON?
 Es el sonido de su mundo derrumbándose.
 Es el del nuestro resurgiendo.
 El día que fue el día, era noche.
 Y noche será el día que será el día.
 ¡DEMOCRACIA!
 ¡LIBERTAD!
 ¡JUSTICIA! 

Enlace Zapatista, diciembre 21 de 2012

Para que exista un dialogo, es indispensable el reconocimiento de un par. Las conversaciones que el movimiento zapatista ha establecido con quienes no habitamos en su geografía, nos permite preservar la cercanía con la organización de un movimiento honestamente imperfecto, pero genuinamente anticapitalista. Muestra de ello son sus asambleas participativas internas, sustento de su propia organización de autogobierno, donde quienes mandan lo hacen obedeciendo; los múltiples foros de análisis y discusión para trazar la ruta de la resistencia siempre compartidas; la inauguración de la Escuelita Zapatista, espacio abierto al mundo para la convivencia, el aprendizaje y el intercambio a partir de la experiencia cotidiana de la autonomía, con las bases de apoyo del EZLN; los festivales multiculturales CompArte por la Humanidad, L@s Zapatistas y las conCiencias por la Humanidad y el Encuentro Internacional de Mujeres que luchan; y más recientemente la embarcación que ha cruzado el océano Atlántico para llegar a Europa, tierra insumisa, con el escuadrón 421 a bordo:

La montaña se alza. Se arremanga, con pudor, un poco las naguas. No sin trabajos, arranca sus pies de la tierra. Da el primer paso con un gesto de dolor. Ahora le sangran las plantas a esta montaña pequeña, lejana de los mapas, los destinos turísticos y las catástrofes. Pero aquí todo es complicidad, así que una lluvia anacrónica le lava los pies y, con lodo, le cura las heridas.
 (…)

Siete personas, siete zapatistas, forman la fracción marítima de la delegación que visitará Europa.  Cuatro son mujeres, dos son varones y unoa es otroa.  4, 2, 1.  El escuadrón 421 se encuentra ya acuartelado en el llamado “Centro de Adiestramiento Marítimo-Terrestre Zapatista”, ubicado en el Semillero Comandanta Ramona de la zona Tzotz Choj.

Enlace Zapatista, abril de 2021 

¿Por qué entonces emprender una Travesía por la vida a casi treinta años de resistencia? Acaso sea porque es lo único que da respuesta a la muerte: porque ante el neoliberalismo que carcome, el racismo que mata, el patriarcado que asfixia y la indiferencia generalizada que todo torna infecundo; la tripulación a bordo (que somos todos y todas), o el mensaje enviado al mar en una botella (que es nuestra vida), lleva consigo la esperanza renovada en el corazón, o sea en la palabra y en la escucha indispensable para el (re)encuentro con otras luchas, dolores, resistencias, triunfos, fracasos y vivires:

Cuenta una de las leyendas mayas que Ixchel se tendió sobre el mundo en forma de arcoíris. Eso hizo para así darle al planeta una lección de pluralidad e inclusión, y para recordarle que no es uno el color de la tierra, sino muchos, y que todos, sin dejar de ser lo que son, juntos iluminan la maravilla de la vida. Y ella, Ixchel, la mujer arcoíris, todos los colores abraza y los hace parte de ella.

Enlace Zapatista, abril de 2021, Luna llena 

Porque resulta que en la pluralidad se halla la clave para no perder el rumbo encaminado hacia el bien común, espacio negado por la crueldad de un sistema que permite el desdén por el color de nuestra piel, nuestro grado de estudios, la posición económica perteneciente o la apariencia física que superficialmente mostramos. Todo esto, favorecido por la disposición a escapar de aquello que nos resulte incomodo de asimilar (o de leer). Así, en una anticultura del protagonismo político y la sobrevaloración de los soliloquios de mal gusto, es difícil entender que las verdaderas armas del Zapatismo son y seguirán siendo las palabras: 

¡No rendirse! 

¡No venderse!

¡No claudicar!


En suma, de los y las zapatistas he aprendido a no ser zapatista. 

Sé bien de su lucha que se reafirmó con la Sexta declaración de la Selva Lacandona 2 en el año 2005, he caminado en las profundidades de la montaña con el favor de su guía, piscado frijol y echado tortilla en territorio libre y autónomo. Nunca he escuchado en viva voz al subcomandante Marcos, ahora Galeano, pero no hace falta para saberles auténticos. Él no es todo el movimiento, como tampoco lo son exclusivamente el subcomandante insurgente Moisés, la comandanta Ramona (†) o Mari Chuy, vocera del Congreso Nacional Indígena. Los y las zapatistas son la diversidad de pensamientos en las Juntas de Buen Gobierno, los corazones que habitan al interior de los Caracoles y los dignos pasos guerrilleros en la profundidad de la montaña. Mi admiración y respeto a su digna lucha me ha permitido acompañarlos al tiempo que lucho en mis espacios, valiéndome de mis posibilidades e inconvenientes. La amistad y la escritura, por ejemplo, son mis trincheras y oasis en un mundo repleto de tanta mierda. En estos espacios, habita mi resistencia y mi apuesta por la humanidad y, ¿por qué no?, por un mejor mundo. 

Bajo el cielo más estrellado que mis ojos han visto, la plática con mi Votán, o guía en la Escuelita Zapatista me enseñó a detenerme antes de juzgar una realidad que desconozco y, en su lugar, aprender a guardar silencio para escuchar el canto de la cigarra. Todo esto porque la escucha atenta y el reconocimiento de la otra mirada es de más larga duración que un levantamiento en armas, tan necesario para destruir lo indigno de existir, no así para construir barcos y edificar muelles de feliz llegada. 

Nuestro tiempo nos exige trabajar en la conformación de la dignidad a partir de la destrucción de aquello que nos esclaviza. Muchos son los caminos, en tanto nos queda claro que muchas son las realidades, aunque ninguna sea posible sin el sincero reconocimiento de lo distinto. Sólo así, mantendremos la dignidad encendida. Sólo así, insisto, evitaremos el naufragio de la botella lanzada al mar donde el mensaje somos nosotros. 


1. Al niño Miguel. Nuestra profesión: la esperanza, marzo 5 de 1994:

2. Sexta declaración de la Selva Lacandona, junio de 2005:

http://enlacezapatista.ezln.org.mx/sdsl-es/ 

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