¿Qué es la vida? Pregunta tan necesaria como ociosa. Y sin embargo me la hice desde muy joven con el fin de encontrarle un sentido al mundo. O mejor dicho el sentido, el trascendente, el único, el verdadero. Así que comencé a buscar formas de conocer la verdad. Formas muy bárbaras, por cierto, como cuando se tiene intimidad con alguien por primera vez, y sobra deseo y arrojo, pero se carece de metodología, tacto y precauciones.
Por supuesto fracase. O tal vez fracasamos como humanidad ya que cerca de 2500 años de reflexión filosófica y de actividad científica sólo han confirmado que no hay nada cercano a la verdad última; ni siquiera existe la posibilidad de saber si podemos conocer a la realidad de acuerdo con ciertas tradiciones filosóficas. Nuestras mejores teorías a lo mucho son aproximaciones, acercamientos tentativos a un mundo irreductible que se niega permanentemente a revelársenos de manera definitiva.
El misterio siempre nos precede.
Aunque esta empresa imposible es el mayor error de mi juventud, también fue una gran lección de lucidez y humildad, porque me ha evitado caer en mi propia trampa de trazar al mundo de una vez y para siempre. Y de ese modo convertirme en alguien dogmático. Al final de cuentas, la certeza absoluta es también estupidez absoluta.
Sin embargo, toda la certidumbre que no pude encontrar en las teorías la hallé en la música, más específicamente en el jazz. Al comenzar a escuchar esta herencia musical deje de querer comprender todo; abandone la inquisición no por cobardía ni agotamiento, sino por falta de necesidad. Mi angustia se había pacificado. No necesitaba más respuestas: la vida se me dejaba de presentar como un enigma a resolver.
Al escuchar a Ellington y Baker se establecía una tregua con la duda; al encontrarme con el trabajo de Tatum y de Brown aprendí que existe una certeza no intelectual que solo ofrece la belleza, y que ésta es una forma de conocimiento porque provee de un orden inédito al mundo.
Hay, sin embargo, otra clase de incertidumbre inherente al Be Bop y al Hard Bop. Para poner un ejemplo, cuando escucho una canción grabada en directo del combo de Art Blakey, la cosa va bien los primeros minutos, pero llegado el momento de los solos me encuentro en completa duda ya que sé –paradoja– que el músico en lugar de interpretar la melodía convencionalmente, es decir, certeramente, se lanzara a la búsqueda de una nueva armonía mientras toca. Él se entregara a la tarea de recomponer espontáneamente la canción original siendo fiel al significado de interpretar, es decir, de aventurar su propia lectura de la misma.
Para el jazzmen la improvisación nace de la incertidumbre. Pero la improvisación no es una interpretación errática ni aleatoria; sino más bien es la reorganización de los elementos de la pieza, de los sonidos y del silencio, para la reinvención del estándar in vivo. Así, en un concierto de jazz cada escucha se tiene la oportunidad de ser un asistente privilegiado al génesis de la belleza. Y puede presenciar en cada nota el desarrollo musical y, en ocasiones, espiritual del músico
Se cuenta que cuando John Coltrane grabó A Love Supreme casi no dio indicaciones verbales a su cuarteto sobre las canciones ni los tonos que iban a utilizar, solamente los reunió y comenzó a tocar. Los músicos, cómo es la costumbre, seguían el fraseo del saxofonista e intervenían innovando sobre la estructura del líder en completa libertad. La libertad como condición necesaria de la improvisación en el jazz es pues producto de la tensión entre la tradición y la experimentación; y entre la disciplina y la imaginación. Además, al participar en la conformación de esa libertad se puede dar un momento comunión estética entre el líder con su combo, y entre los músicos con el público como lo cree el extraordinario pianista mexicano Alejandro Marcado.
No voy a mentir: no soy un hombre religioso. Pero al escuchar la obra cumbre de Coltrane se adquiere un sentido de agradecimiento y apego a la vida que no se encuentra en otro lugar. Y es que no exige entendimiento, sino únicamente apertura y entrega. Amor. La música de Coltrane nos enseña que cuando se asume la incertidumbre como posibilidad y necesidad en el proceso creativo, no se gana certeza, sino fe.
Jazz: el misterio nos re-vela.
Ariel. M. R.