Bajo los matices de un cielo gris, las flores surcan el concreto de la Ciudad. En el caos y la vorágine, existe sitio para la poesía. Caminar a su encuentro es saber paso a paso de los gestos que la hacen perdurar. Entonces, en silencio, es posible hallar la arquitectura de dos o tres refugios, espacios donde al fin todo tiene sentido. Con el amanecer, nace una Ciudad para habitar(nos):










