Todos somos minotauros.
He pensado en esta posibilidad: que el minotauro fue un ser con un terrible destino impuesto, encerrado a cumplir una terrible condena. Pienso que el minotauro habría cultivado con los años un hermoso jardín donde disfrutaba del olor de las flores en las noches de primavera, donde encontraba hierbas medicinales para curar sus enfermedades y donde incluso cultivaba flores para el alma que paliaban su soledad; todo esto gracias a la ayuda de sus amigas aves migratorias, quienes le llevaban entre su plumaje semillas de plantas sagradas desde lugares remotos.

Tinta y acuarela sobre papel
21 x 25 cm
Mayra León