Si llegaran a enterarse, mi cuerpo quedaría carbonizado por el calor incontenible del pudor; no deben darse cuenta de la guerra que está sucediendo en mi mente. En ocasiones temo que mi pensamiento haga un eco que se deje escuchar al exterior.
La veo y me digo que estoy viviendo un sueño. Cuando se aproxima, intuyo el movimiento de sus piernas al caminar, parece flotar mientras su imagen se acerca de manera intermitente; percibo la tibieza de su respiración cada vez más cerca del rostro. Sus manos se deslizan a lo largo de mis brazos incitando ligeras convulsiones en mi pecho. Entonces siento que se me contraen los pulmones y el estómago al mismo tiempo. Súbitamente abro los ojos y me doy cuenta de que es solo un sueño, un sueño muy corto.
Estoy en la habitación oscura y silenciosa, impregnada del olor del solvente y el del acrílico que no terminan de secarse. Son las tres de la madrugada, estoy tan perturbada y sé que no podré dormir nuevamente, ni siquiera lo intento. Me levanto del sofá y prendo la luz, lo primero que veo es esa estúpida cebra que no logra verse proporcionada y que de hecho nunca lo hará. Nunca podré pintar, a pesar del empeño de Omy; le encantaría hacer de mí una esposa productiva.
Siento hambre pero un cigarro parece más conveniente a esta hora, así que tomo la cajetilla de la mesa y salgo al balcón a fumar, necesito dejar de respirar el solvente que inunda el ambiente, de la misma manera que lo hace en mis pulmones. Tengo la convicción de que el cigarro me quitará el mal sabor. Afuera el aire está frío pero se tolera con la poca ropa que visto, experimento el ritmo de mi corazón en la garganta y de ahí al cerebro. Estoy agotada pero no tengo la voluntad de dormir y hago un esfuerzo por traer la imagen una vez más, ahora quiero prolongar el sueño y sentirla nuevamente junto a mí. Pero no lo estoy logrando, no la puedo percibir aquí, ¡mierda!
Comienzo a pensar que la locura me ha alcanzado y me odio por ser tan débil, por dejarme fascinar con su belleza y su indescifrable personalidad. Canela es el ser humano más libre que yo haya conocido, parece no temerle a nada y encontrar una solución a cualquier problema, sea cual sea la magnitud de éste. Jamás conocí a una mujer con tal seguridad en sus movimientos, con un cuerpo tan perfectamente esculpido, del cual, ella misma está consciente.
Ahora recuerdo el día en que la vi por primera vez, fue el mismo día en que Omy me propuso matrimonio y me trajo a conocer el departamento en el que vivimos. Yo estaba feliz porque finalmente él se había decidido; ya teníamos cuatro años de novios y yo deseaba tener hijos, sobre todo por mi edad, no quería perder la oportunidad de formar una familia.
Ese día entramos en el edificio y Canela iba saliendo del elevador, sujetaba su bicicleta por el manubrio con la energía de un niño sediento de aventura; nos lanzó una sonrisa, acompañada de un “buenos días”. — ¡Qué guapa mujer!— pensé, y cada quien siguió su camino.
Me casé con Omy un mes después y nos mudamos al departamento, no queríamos perder más tiempo. Para mí comenzaba una nueva etapa en la que formaría una familia con el amor de mi vida.
Resultó que la mujer de la bicicleta era mi vecina, me enteré de que se dedicaba a la música de manera profesional, me sorprendió saber que formaba parte de la orquesta del Royal Ballet of London, en donde se desempeñaba como percusionista. ¡Qué impresión! la vida de esa mujer opacaba la de cualquier otra persona que yo había conocido y la mía por supuesto. Sin embargo, nunca despertó la envidia en mí, lo cual me sucedía muy fácilmente con otras mujeres; lo que sentía en esta ocasión era diferente, era una especie de admiración, supongo que por ser tan joven y tener una vida tan exitosa e independiente. Me enteré de que habitaba el departamento de enfrente de cuatro a cinco meses y el resto del año se unía a la temporada del ballet. El departamento pertenece a su padre y queda inhabitado mientras Canela está en Londres.
La semana siguiente al encuentro en el elevador ella viajó y no la volví a ver hasta hace unos meses. Era muy temprano cuando salí del departamento, ya había mucha gente corriendo en el parque. Me sentía en extremo agobiada porque Omy no había llegado a dormir. La noche anterior había sido un infierno, llamé mil veces a su celular y nunca contestó. ¡Dios! ¿Qué le había sucedido? A las 7 de la mañana apareció como si todo estuviera normal, sin dar explicaciones. No quise armar una pelea, así que no lo interrogué, con la esperanza de que las explicaciones llegaran sin ser invocadas, pero no lo hicieron. Con ese torbellino de sentimientos contenidos no quería estar junto a él, salí a caminar y llegué al parque. Me senté en una banca, e inmersa en mi coraje levanté la mirada, vi a Canela corriendo, muy concentrada se ejercitaba. Al instante mis pensamientos comenzaron a desvanecerse, mi mente estaba conectada sólo al sentido de la vista y mi vista a ella. No había más, sus piernas fuertes forradas por unas mallas azules, la potencia de sus brazos torneados por la música, el talle erguido, el cabello oscuro rizado; parecía una adolescente, una belleza simple pero hipnotizante.
Cuando se dio cuenta de mi presencia se detuvo y fue hacia mí, se presentó con una amabilidad muy natural. Estuvimos platicando y me contó lo que ya había escuchado sobre ella, pero obviamente fingí ignorarlo. Yo no quise verme tan insignificante y le dije que era pintora, se interesó de inmediato y me pidió que le mostrara mi trabajo, me sentía realmente avergonzada porque apenas había tomado unas clases y aunque había descubierto mis aptitudes en ese ámbito, no podía decirse que era una pintora; sin embargo, lo sostuve. Estaba segura de que era el comienzo de una buena amistad con mi vecina, me sentí muy feliz con la charla y me inundó una emoción extraña que cuando regresé a la casa con la sonrisa involuntaria ya no estaba enojada con Omy, el asunto simplemente estaba en el olvido.
No invité a Canela a ver mi “obra”, pero en los días que siguieron nuestros encuentros se hicieron muy frecuentes, salíamos a correr juntas o a tomar café entre sonrisas inagotables, además, me prestaba una atención total cuando hablaba, a diferencia de Omy quien había cambiado tanto conmigo y tan pronto. En fin, sabía que se estaba gestando una gran amistad, pensaba mucho en ella y me di cuenta de que no dejaba de hablar sobre ella con Omy, sentía siempre una emoción rara en el cuerpo cuando lo hacía.
Un día llegó al departamento sin ser invitada, dudé un poco en pedirle que pasara, recordé que le había dicho que era pintora y me avergoncé al pensar que cuando viera mis cuadros, se daría cuenta de que era una amateur. Pero ella ya lo sabía, porque en nuestras conversaciones nunca volví a hablar sobre el tema. La invité a pasar y conoció a Omy, tomamos café y estuvimos platicando; insistió en que quería ver mi trabajo y, ya sin oposición, pasamos al estudio. Mi esposo se disculpó por no acompañarnos y fue a la sala a ver el futbol. En cuanto entramos al estudio cerró la puerta y me besó, ella no iba a ver ningún cuadro, lo cierto es que hubo una correspondencia total, estuvimos mucho tiempo ahí dentro, mientras Omy estaba enajenado con el futbol. Esos encuentros se han hecho recurrentes.
Me estoy enamorando de Canela hasta los huesos y no sé qué hacer. Ahora me encuentro a la intemperie, a mitad de la noche, pensando en que soy la persona más vil del mundo por haber dejado de amar a Omy, me justifico pensando en que él cambió muy pronto. Pero tengo la seguridad de que no voy a dejarlo, no tengo ninguna razón para hacerlo, sería ridículo pensar que voy a dejar todo lo que tengo con él para seguir mi sueño lésbico. Ni siquiera me pienso como una lesbiana porque no estoy enamorada de la mujer que es ella, sino del ser que mueve a ese cuerpo de mujer, cuya hermosura me asfixia el juicio, su olor, su sabor, la suavidad de su piel. Bueno, quizá también esté enamorada de la mujer y tal vez sí sea lesbiana, pero, aún admitiéndolo no sé qué hacer, ¿cómo enfrentar al mundo a estas alturas de mi vida con esta realidad alterna que parece la primordial? ¿Podría ser la doble vida una opción permanente? No sé que hacer, no los sé.
Shaila Esquivel