Este texto de Patricia Corres Ayala(✞) es una serie de comentarios al respecto del fotolibro El lenguaje de las manos.
Las manos son lo que nos conecta el cerebro con el exterior. El exterior de nuestro cuerpo, de la existencia del otro, de la vida en sociedad, de las cosas del mundo que atrapamos entre nuestros dedos para valernos de ellas.
Las manos nos hacen humanos; nuestra complejidad se manifiesta en la conformación de estas partes del cuerpo: nervios finos, tendones largos que recorren desde la punta del dedo hasta el principio del brazo, venas de múltiples tamaños, uñas que crecen para defendernos o para asir los objetos.
Lo que hacemos con las manos nos hace aumentar las conexiones cerebrales. Por medio de ella damos, recibimos o arrebatamos.
En cuanto a nosotros, cada uno, cada una, desde que nacemos nos asombramos de nuestras manos, como si no fueran parte de nosotros. Las vemos a distancia y a la vez, más próximas que nuestros pies.
Luego, nos sirven para tocar nuestra piel, para llevar a cabo actividades de autocuidado como la limpieza, el peinado, vestirse, hacerse de comer, asear el espacio que habitamos. Las manos también nos sirven para expresar emociones: ante el miedo o la desgracia, nos tapamos la cara, los ojos. Cuando hay amor, acariciamos, servimos de apoyo, de protección al otro, expresamos la unión, el vínculo, el acuerdo: dame la mano. Manos para Cuando hay coraje, las empuñamos.
Cada parte de las manos es importante: los dedos, la palma, el dorso, la muñeca. Cada una funciona para algo, no sólo desde la fisiología sino también desde el mundo de significados sociales.
El dedo pulgar hacia abajo ha servido para condenar a muerte a alguien, para decir que algo está mal. En cambio hacia arriba significa que las cosas van bien. También los dedos se usan para señalar ya sea algo que nos llama la atención, que es agradable, digno de verse, o a alguien que queremos censurar. Dedos que aprueban o desaprueban, que dicen sí o no. El dedo de Dios casi tocando al dedo de Adán en el mural de Miguel Angel de la capilla Sixtina: levántate, ya tienes vida, una vida cercana a mí pero que guarda cierta distancia.

La palma de la mano tiene líneas, y estas se pueden leer supuestamente. Hay todo un pensamiento dirigido hacia esas creencias. La palma que choca con la otra para aplaudir o para saludar.
La muñeca es responsable de los movimientos de rotación de la mano, para saludar, para decir adiós, para hacer la comida, para bailar.
Las manos que les tendemos a los demás para levantarlos del suelo, o por un acto de hospitalidad. Manos que se acercan a nuestra boca y se retiran en signo de enviar un beso a la mejilla del otro bien querido. Las manos con las que trabajamos con las máquinas o con la tierra. Manos de obrero, de campesino. Para reparar, para construir, para hacer que la naturaleza nos dé de comer. Manos que alimentan y curan, pero también pueden arrebatar la comida del otro y quitarle la vida o herirlo. Manos para bien o para mal.
Manos para el arte: la pintura, la escultura, la música, la escritura, la artesanía. La creatividad del pensamiento y del sentimiento, que se valen de las manos para expresarse. Brazos que se extienden para dar la mano al que sufre de modo que, con un apretón, pueda aminorar su dolor.
Manos pequeñas, redonditas; manos alargadas, venosas; manos huesudas. Toda una historia de vida.
El lenguaje de la manos, segunda edición, versión digital.
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El lenguaje de las manos