poema n.º 33
Detesto el mundo que habito,
él, a su vez, me desprecia.
Cambio la cerradura de la casa,
el número de móvil,
la matrícula del coche.
Huyo para que nadie me encuentre.
poema n.º 34
La vida era esto:
un pesaroso transcurso
de días sin propósito
y de noches con insomnio.
El pábilo de una vela
a punto de consumirse.
poema n.º 35
El viento llega rozando
las olas y los arenales
hasta el matorral costero
que le impone una tardanza
en la captura de la luz.
poema n.º 36
La antigua roca soporta
los impactos de la mar
constante y rítmica
mientras se desgasta
sin derrumbarse ni ceder
poder al ciclo lunar.
Enrique Arias Beaskoetxea