He reducido al mínimo
el contacto con los demás.
Hice cuanto pude para perder
cualquier apego a la vida.
Fernando Pessoa
14. Aislamiento
No fue una determinación
después de reflexionar,
no fue un impulso fugaz
proveniente de la furia.
No fue la maldición
ni destino cósmico.
En cada encrucijada
de la vida se escoge
y se descarta, por azar,
ánimo o insensatez,
también se escoge,
si se tiene el coraje,
ser especial, uno mismo.
Así quedaron atrás
amistades primeras
basadas en preferencias
o formas de ver el mundo.
Así quedaron atrás
el amor de una vida
y la amante ocasional.
Fueron desapareciendo
conocidos y viandantes
hasta llegar a la isla
construida en la casa
donde nadie entra
nadie llama ni escribe.
Queda el silencio
de la casa y con él
llega la calma basada
en ausencia de vida exterior,
estímulos sensoriales,
conversaciones vanas,
problemas comunales.
La casa construida
sobre silencio y soledad
se convirtió en la casa
de la escritura;
pues había llegado la calma
a la mente, al corazón
y las palabras podían
colocarse a voluntad,
más aquellas surgidas
del propio proceso.
A veces uno siente nostalgia
de la brisa en el rostro,
del sonido del bosque,
de las mareas en la arena;
queda la posibilidad
de recuperar un día propicio
o tal vez sea pospuesto
a un futuro indeterminado
en el que salir al mundo
no suponga un desastre
para la mente tan sensible,
que el peso de una mariposa
puede desequilibrar,
el trabajo de mesura,
el cese de la perturbación
de la mente, etcétera.
Y volver a empezar desde el principio.
Sobre el Autor:
Enrique Arias Beaskoetxea
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