Colaboración

Nadie con quien hablar

¿Quién, si yo gritara, me escucharía
entre las órdenes angelicales?

Rainer María Rilke

13. Nadie con quien hablar

No soy de esa clase de gente,
no soy uno de ellos,
soy un extranjero
en todos los países.

Algunos lo consideran
una marca de encomio,
otros, señal de vileza.
Ser especial, exótico,
por haber decidido
tomar un camino distinto,
el menos transitado
como dice el poeta.

Nadie llama a mi puerta,
nadie me espera en la cama,
nadie despierta conmigo;
el silencio está presente
en todos los pasos dados
sin molestar, sin llamar la atención.

Nadie viajará conmigo,
ni se sentará en un café,
en un parque para compartir
una pieza de empatía,
un tenue soporte.

Cuando llegue el día
en que se necesita hablar,
un día inexorable,
nadie acudirá a escucharme
ni compartirá alegrías
ni lamentará decepciones;
no habrá preocupación,
obsesión o temor
que pueda ser expresado
y recogido por otra persona.

La estrategia es hablar solo
mientras caminas en la casa,
mantener conversaciones
en la cama con etéreos
interlocutores, casi palpables,
para debatir, refutar,
abrir posibles salidas
con uno mismo, para uno mismo,
sin reflejo ni respuesta
de una persona real.

Sin hacer, sino pensar
en la posibilidad,
sin plantear diferentes
criterios de comunicación.

Es la única ley
y es lo único que surge
sin necesidad de invocación.

No hay nadie
con quien hablar:
simple, desolador,
habitual, extraño,
sin placer ni dolor.


Sobre el Autor:

Enrique Arias Beaskoetxea

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