Dentro de un abrazo
puedes hacer de todo:
Sonreír y llorar, renacer y
morir. O quedarte quieto
y temblar adentro, como
si fuera el último.
Charles Bukowski
Siempre he confiado en la puntualidad de los abrazos.
Aunque díficil sea la espera, la precisión en la llegada de un abrazo es un misterio que no pretendo a bien descifrar. En su lugar, escribo bajo el influjo de una sola certeza a flor de piel: el abrazo, como gesto de amor, desarticula toda lógica racional y es capaz de unir el pulso de dos corazones en un mismo palpitar.
Por milagrosa que resulte su aparición, el abrazo no representa ninguna solución mágica a nuestros problemas. Sin embargo, es en la presencia de las adversidades o en la fractura de nuestra templanza donde el acto de estrecharse en brazos encuentra su mayor sentido. Ante la desmesura del dolor o en pleno desbordamiento de alegría, el abrazo nos arropa en la desventura y nos contiene del sobresalto de la euforia. Un abrazo reúne lo distante, pese al dolor acumulado; un abrazo reestructura el tiempo, antes perdido; un abrazo renueva la alianza con la vida, incluso en presencia de la muerte; un abrazo es, en muchos casos, un bálsamo contra la soledad malsana y la posibilidad palpable de un nuevo comienzo.
Hellblazer, el cómic estadounidense que puede clasificarse como oscuro y políticamente incorrecto, pero socialmente crítico y comprometido, cuenta en su edición #27 la historia de John Constantine y Jacko, un fantasma atrapado en la tragedia de su miserable muerte. Es a finales del mes de marzo, en la gélida primavera de la ciudad de Londres, donde Jacko se encuentra con la culminación de sus días, en plena indigencia y desolación. No existe mayor tragedia que morir en el olvido, y eso lo sabe Constantine, el antihéroe de DC Comics, al responder a la última voluntad del alma en pena de Jacko, quien tras recibir un abrazo suyo logra por fin descansar:
Cuando nos abrazamos, en la oscuridad, no hacemos que la oscuridad desaparezca. Las cosas malas siguen ahí. Las pesadillas todavía caminan. Por un momento o dos, la oscuridad no parece tan terrible cuando nos abrazamos.

Entonces, una certeza emerge de la penumbra y debe ser pronunciada. En la profundidad del dolor, existe consuelo. Tras un gesto de amor, la polaridad cambia si el mundo recupera la unidad antes fragmentada y la felicidad encuentra cauce en la compañía. El abrazo, aún en las condiciones más adversas, representa un brote de esperanza para la humanidad. El tiempo de los abrazos se hace presente sin previo aviso, pero evitemos confusiones y malos ratos, abrazar nada tiene de fortuito cuando el impulso de vida se rige únicamente por nuestra propia voluntad. Es tiempo.