MUDANZAS – UN AÑO
| Human, Avian, Vegetable, Blood Kenneth Rexroth Today, three days before Christmas, I had planned to cut some berries From the toyon bush in the yard. For three years it has not done well. This is the first year it produced A decent crop. But this morning A flock of thirty migrating Robins appeared, and before noon Every berry had been eaten. This year we will buy our foliage As usual, and the symbols Of incarnate flesh we tended All year will be flying, mingled With pale hot bird blood, high over The barren Mexican mountains. |
| Humano, aviar, vegetal, sangre Traducción de Juan Manuel Esquivel Hoy, tres días antes de Navidad, planeaba cortar algunas bayas del toyón en el jardín. Por tres años no se dio bien. Es el primer año que produce una cosecha decente. Pero esta mañana apareció una parvada de treinta petirrojos de paso y antes del mediodía se habían comido todas las bayas. Este año compraremos follaje como de costumbre, y los símbolos de la encarnación que cuidamos todo el año volarán, mezclados con pálida sangre caliente de pájaro, sobre las áridas montañas mexicanas. |
Es diciembre y a pesar de la grisura de nuestros días siento latir el verde y el rojo. Y recuerdo que cuando niño, en estas fechas, solíamos colgar por la casa unos racimos con bolitas de intenso rojo, yo las creía cerezas. Y cada racimo estaba coronado con hojas de un verde igualmente profundo. Eran pequeñas llamas que nos alumbraban y daban calor. Aún conservo algunos en una caja de zapatos, han sobrevivido los años y las mudanzas; es momento de sacarlos nuevamente. Nunca me había molestado por saber más de ellos, de su nombre o su origen, hasta que leí el poema de Kenneth Rexroth…
El acebo o ilex aquifolium es un arbusto perenne con hojas de borde fuertemente espinoso típico de las montañas boscosas de Europa. Al final del año da unos pequeños frutos bermejos que hipnotizan la mirada. Desde tiempo inmemorial tuvo valor sagrado, en especial para los pueblos celtas que lo cultivaban con esmero; también para los pueblos germánicos, que elaboraban coronas con sus ramas y las encendían durante el invierno para invocar el regreso de la luz, de la vida. Antiguos símbolos del eterno proceso cíclico que forman la vida y la muerte, estas tradiciones se sincretizaron con el cristianismo. Y las hojas del acebo pasaron a representar la corona de Jesús y sus ardientes bayas, la sangre del dios hecho hombre. Igualmente, la corona pagana se tornó en el símbolo del Adviento, tiempo de esperanza y preparación para la Navidad o el nacimiento del Dios que triunfa sobre la muerte…
En California hay un arbusto casi idéntico al acebo: el toyón o heteromeles arbutifolia. Como el arbusto europeo, es verde todo el año y sus hojas de férrea dentada. Por si fuera poco, al llegar el invierno produce unas pequeñas bayas ¡rojas!, pero a diferencia de las del acebo son comestibles; por su sabor amargo y astringente las tribus Chumash, Tongva y Tataviam, solían secarlas para luego comerlas de formas diversas. Según una leyenda, los primeros estadounidenses que llegaron a California —mucho antes de la guerra y la anexión— confundieron el toyón con el holly, nombre inglés del acebo que evidencia su carácter sacro. Dada la enorme cantidad de toyones en Los Ángeles se explicaría el nombre Hollywood. Lo cierto —vaya que la poesía es conocimiento— es que el toyón devino en planta de ornato navideña, y es un manjar de temporada para las aves…
Kenneth Rexroth, amante de la naturaleza y erudito, solía escribir sus poemas empleando el verso silábico; normalmente sus versos eran de siete, ocho o hasta nueve sílabas. A este método lo llamaba natural numbers, con ello quería decir que sus poemas utilizaban una forma silábica que emulaba los ritmos orgánicos y espontáneos del lenguaje natural y cotidiano. Para traducir este poema no seguí la forma: hacerlo implicaba eliminar palabras y quería conservarlas todas, incluso toyón, españolización de tottcon, nombre dado a esta planta por los indios Ohlone de la costa californiana y que en otra versión de este hermoso poema narrativo prefirieron omitir…
Es diciembre y a pesar de la grisura de nuestros días sintamos latir el verde y el rojo, su hondo simbolismo que desde el alba nos acompaña. ¡Feliz Navidad!
Sobre el traductor:
Juan M. Esquivel
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