En una conversación con Vanessa Pazzi —una joven estudiante de la licenciatura de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Tamaulipas—, me di cuenta de que las preguntas técnicas sobre el “cómo” a menudo palidecen frente al abismo del “para qué”. Vanessa, con la curiosidad intacta que solo la juventud y la academia permiten, quería saber sobre los inicios de Murmullo de Paloma, sobre las líneas de negocio, sobre cuántas manos sostienen esta revista. Pero en el fondo de sus interrogantes, latía una pregunta más antigua y universal: ¿cómo se sobrevive al silencio en un mundo diseñado para que solo algunos hablen?
En México, y quizás en cualquier rincón del mundo donde el arte intente brotar de forma independiente, nos hemos comprado una mentira piadosa: que el problema es la falta de creatividad. Nos dicen que si no “logramos” algo, es por falta de ingenio. Sin embargo, la realidad es otra. La creatividad nos cruza a todos, es una corriente subterránea, una expresión primigenia que no entiende de grados académicos ni de linajes artísticos. El verdadero problema, el muro infranqueable, es la ausencia de espacios.
El Espejismo de la “Alta Cultura”
Observamos el panorama de las publicaciones actuales y vemos un patrón repetitivo. Los espacios existentes suelen ser templos cerrados a la “alta cultura” o, peor aún, a proyectos que intentan emularla con desesperación. Son espacios que imponen un peaje invisible: “debes ser alguien para estar”. Esa frase es la trampa mortal del creador independiente. Nos empuja a una batalla por la validación donde la promesa es simple: alíneate a los entornos académicos, busca el sello institucional, gánate el aplauso del círculo de siempre y, entonces, quizás, te daremos permiso de existir.
Bajo este esquema, la publicación independiente se convierte en un simple trampolín, un “mientras tanto” para llegar a ser ese “alguien”. Pero en esa carrera, muchos proyectos pierden su alma. Se olvidan de que su propósito original no era ser un referente de autoridad, sino un ente presente.
La Batalla por la Permanencia
Aquí es donde entra la verdadera crisis: la permanencia. Cuando la sostenibilidad económica se cruza con la integridad creativa, surge la duda: ¿vivo del arte o vivo para el arte? El sistema nos dice que si no es rentable bajo sus términos, no vale. Y ahí es donde muchos proyectos culturales mueren, no por falta de lectores, sino por el cansancio de perseguir una validación que nunca llega si no estás dispuesto a jugar según las reglas de la exclusividad.
Murmullo de Paloma ha decidido situarse en otra geografía. No aspiramos a ser ese referente que dicta qué es bueno y qué no; aspiramos a ser una presencia permanente. Una revista que no es un pedestal, sino una casa. Un lugar donde la expresión nueva, esa que todavía no ha sido pulida por el rigor del “querer ser alguien”, tenga un sitio para simplemente ser.
Ser, Estar, Permanecer
En este ensayo narrativo que es la vida independiente, he llegado a una conclusión que compartí con Vanessa: la publicación independiente no debería ser una meta de llegada, sino un estado de habitabilidad. El estado actual de la edición independiente en México es de una fragilidad valiente. Existen miles de “Murmullos” intentando no apagarse, y su valor no reside en cuántos ejemplares venden o en qué tan cerca están de los presupuestos estatales, sino en su capacidad de permanecer como espacios para todos y para todo.
El mensaje de este Murmullo para los jóvenes, para los que están fundando revistas en sus dormitorios o gestionando festivales desde la periferia, es que la creatividad no necesita permiso. No busquen “ser alguien” a través de la validación ajena; busquen estar. Generen sus propias reglas de permanencia. El éxito de Murmullo de Paloma no es haber cumplido diez años bajo el reflector del éxito comercial, sino haber cumplido diez años siendo un lugar que todas las voces pueden habitar y donde, simplemente, permanecen.
Murmullo de Paloma no es una revista referente; es un ente que respira y está presente en espera de esa expresión primigenia. Permanecer, en este mundo de gritos, es quizás el murmullo más fuerte de todos.
Últimas entradas: