Desde la ventana del transporte, que va serpenteando los barrios de Iztapalapa, voy observando las calles y avenidas aledañas a la penitenciaría de Santa Marta. Regreso a la vida después de haber visitado el penal. Preguntas y supuestos tejen mis pensamientos. ¿Qué sentirá un recluso estar en libertad? ¿Qué sigue después? ¿La sociedad tiene lugar para recibir a estos seres humanos que buscan otra oportunidad? ¿El hambre de poder será mayor dentro o afuera? ¿En qué situación las necesidades nos esclavizan más, presos o libres?
El punto de reunión fue en las instalaciones del Foro Shakespeare para tomar camino al centro penitenciario. Ricardo III versión 0.3 es un trabajo adaptado a un contexto actual y político de nuestro país.
La Compañía de Teatro Penitenciario rinde homenaje a Shakespeare, quien escribió 38 obras de teatro, y este 23 de abril se cumplen 400 años de su muerte.
Una vez en el transporte que toma rumbo a Santa Marta, un Ricardo se hace presente en el pasillo de la unidad. Deja en claro quién es, quién da las órdenes y quiénes las reciben. Establece las reglas de juego y pobre de aquel que no las acate; caso contrario, promete las glorias del infierno.
Posterior al proceso de registro de visitas, se ingresa al área donde está parte de la población en su espacio lúdico; algunos jugando ajedrez, otros solo de pie mirando las filas de civiles que andan por los pasillos, unos más venden sus artesanías, otros fuman y algunos otros con libros en mano. Incluso se escucha un “buenas tardes, bienvenidos”. A un costado están sus talleres, se puede observar trabajos de carpintería y ellos están en actitud relajada y de mutuo respeto.
Una sensación extraña de miedo, distancia y evitar cualquier contacto está presente.
Las luces del teatro Juan Pablo de Tavira son tenues y el escenario cruza de un lado a otro los dos frentes del público. Se hace un silencio y tambores marciales truenan el silencio. La obra inicia y los internos toman el control.
La puesta en escena está basada en la ambición de poder, donde las muertes se van sucediendo. Un argumento que va desde el microcosmos de ese espacio hasta la política actual de la república.
Resalta la capacidad creativa de este trabajo, como escenografía, utilería y la original caracterización de los personajes; junto con las notables actuaciones de los internos.
Este proyecto sirve a sus participantes como catarsis. Aunque ellos están recluidos en prisión, no significa excluirlos de la sociedad. Presenciar su labor teatral es valorar su coraje, su valentía y su reivindicación.
Al final de la obra, viene la sesión de preguntas y comentarios sobre la misma. Los aplausos y la emoción desbordan el cierre de la presentación. Antes de partir, los internos saludan de mano a los espectadores y hay oportunidad de intercambiar una breve charla, felicitarlos y agradecerles por su entrega.
Saliendo del auditorio, de regreso a los pasillos, ya no lucen igual; los internos parecen diferentes, ahora hay una empatía. Ellos tienen limitados sus derechos y ¿nosotros qué hacemos para cambiar la sociedad? Nosotros tenemos mayores herramientas, mas no mejor consciencia.
Nos pasamos el tiempo divagando, cuestionando, acusando, señalando, navegando, indagando pero no ejercemos, no exigimos, no tomamos acciones, y así nuestro país será una inevitable sucesión de traiciones.
Ricardo III fue escrita en 1592, y como muchas obras del autor inglés, tiene una vigencia perenne.
Xavier Ariza