En mi cabeza repaso con una sonrisa la experiencia acumulada y veo con frustración los anhelos incumplidos que el año tras de sí dejó. Invariablemente pienso en la velocidad con la que transcurre el tiempo. Llevo adherida una bomba que gobierna mi vida, y es tan frágil que en cualquier momento puede estallar. Cada año, el tic tac corre más rápido.
Me aterra pensar que la bomba explotará un día. Pensar mi muerte me obliga pensar mi vida. Me pregunto si he logrado exprimir a cada segundo su grandeza. Me intriga saber si mi rostro vivirá para siempre en la mirada de alguien. Me aniquila la idea de morir sin haber hecho un rasguño a la vida. Me preocupa que el día que me muera, sobre mi epitafio no pueda inscribir: Por mí, no quedó.
Susana Bárcena Gaona