Murmullos

Grieta

No ser, dos palabras que tiran al mundo. Invocación que al igual que a Parménides, pone a cualquiera de cabeza. Ir a la sombra, en lo ya ido, desconociendo que lo más estable también es tejido por su hilo, y en el fondo está ahí para velarlo.

¿Qué se oculta tras el no ser? El mundo se halla tan lleno de realidad que no da cabida a ese agujero negro, pues en tanto impensable es incognoscible. Frontera que se acaricia para arribar la metamorfosis que según María Zambrano es donde los dioses habitan el vivir. Despojados del padecer quedan libres del sufrimiento. Ser otros siendo el mismo. Mientras que el hombre de naturaleza enigmática, está condenado a vivir en su –supuesta– unidad la multiplicidad de todos sus estados.

Veo en el no ser la grieta que devela el candor más primario, previo a la caída y al despertar. Filtro donde las polaridades se podrían tocar.

Habría que arder de olvido

                y en un polvo solar, ciegos de llanto,

       desandar los caminos de la piel,

    y quedar inocentes, primarios,

          previos al nacimiento y a la herida

                                     Iliana Godoy

 Intuyo que es ese quiebre oscurísimo el que abre camino a lo que quiere ser, a lo inacido. Punto de fuga en que el relámpago relumbra, intermitente; iluminando el fruto donde descansa el lenguaje: el instante. Tiempo sin tiempo. Detención inducida por el olvido que da tajo al puro presente.

Es en ese titubeo de la luz, regalo del no ser, el único intersticio capaz de soportar la rayadura de lo divino. Hecha raíz al porvenir porque se acuna en la metamorfosis. Deja a un lado al enigma para ser símbolo.

Abro paso al no ser porque es tan mío como lo es del silencio, bajo la esperanza de que algún día brote el rayo que ilumine mi ceguera y permanezca en el fuego eternamente vivo que se prende y se apaga según medida. (Heráclito, fragmento B30)

Karla Osorio Lucas

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