Murmurantes Zindy Rodríguez

Tiempo de ofrendar

Amarillo
naranja
ocre
aletea colibrí
espejo de agua
en la fuente
tres plumas blancas.
El sol es el ojo
del Águila

El recuerdo del mar permanece en el envoltorio de piedritas y conchas. Botín de viaje en un paliacate rojo. El capricho de infancia se hizo costumbre y por ello, en cada viaje que realizo, recolecto piedras, conchas, objetos que considero valiosos. Es de buena suerte. Cada piedra extraída de un espacio cualquiera le dará a ese lugar otro significado al paso del tiempo. Entiendo que las cosas cambian cuando las guardamos, cuando aprendemos a atesorarlas; el objeto se ilumina porque ya lo habíamos decidido así o porque el apego nos transformó en seres obsesivos-ultra-egoístas, así como el Gollum de Tolkien. Solo que mi tesoro de piedras y conchas estaba arrumbado bajo el lavadero del patiecito, cubierto de polvo y telarañas. Al limpiarlo he reconstruido mis eras geológicas y arqueología personal. Lo cierto es que, alguna vez, el botín fue clasificado en bolsas y pequeñas bandejas con el fin de no mezclar sus significados. Lo curioso es que he olvidado el porqué, ya no me dice nada… ¿Será esto despojarse de los significados? Comprendo que es necesario para fluir. Hoy he mezclado las piedras, con excepción de los tepalcates, y siento una felicidad enorme al observar mi jardín lítico rústico. Mezcla no homogénea en una ensalada de años. Lo bueno es que los ingredientes pueden definirse ahora, y así saborear, decir, evocar, incluso reír y llorar con mis muertos… Es tiempo de ofrendar… Me observo y agradezco; atesoro símbolos bajo un sol de otoño que trae lluvia, y el recuerdo del mar.

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