Columna Mudanzas

Elogio del coscorrón

Davide Rondoni / Trad. Juan Manuel Esquivel

Un buen poeta de la lengua romañola, simpático, oriundo de Cesena, escribió este poema breve. Ahora que está muerto pienso que se marchó tal como dicen estos pocos versos. Y desearía que así fuera también para mí.

Me vino a la mente tras las polémicas surgidas en Inglaterra, y después en Italia y otros lugares, sobre el uso de las penas corporales en clase, o más en general sobre la necesidad o la inutilidad de los castigos.

Quant a sarò in fila
ins l’atenti,
davènti a e Signor
a sper ad cavemla cun un tuzòn.

Quando sarò in fila
sull’attenti
davanti il Signore
spero di cavarmela con un tozzone.

Cuando esté en la fila
en posición de firmes
delante del Señor
espero librarla con un coscorrón.

                                         (Walter Galli, de Tutte le poesie)

Elogio del coscorrón. Que es la versión, por así decirlo, simpática y espontánea a otras puniciones corporales. Es ese golpe con los nudillos de la mano cerrada que dado en la cabeza del jovencito servía para llamarle la atención si se distraía o hacía una estupidez. Servía, subrayo. Porque ya no se puede más. Está jubilado o eso parece. Cuidado si un maestro se atreve a tocar con un dedo a uno de sus alumnos. Sin duda, no se puede bromear demasiado con estos temas.

Pero los videos de meses pasados, y ciertas protestas de maestros de distintos niveles, han informado a la opinión pública sobre la calidad del comportamiento de los jóvenes en las escuelas. Se ha asistido incluso a un debate surreal sobre permitir o no que los celulares estén encendidos en clase. Desde hace años el coscorrón ha estado archivado. Atención: no hablo de retomar penas corporales idiotas y contraproducentes. No se trata de sacar de los armarios las varas o los garbanzos sobre los cuales arrodillarse. Pero quizá de vez en cuando el simpático e inofensivo coscorrón no estaría mal.

Mi maestro de secundaria, el cantautor Claudio Chiefo, mantenía a raya a un grupo vivaz y hormonal de puros muchachos inventándose maneras ingeniosas. Hoy lo arrestarían bajo denuncias de los padres, del director y de los sindicatos. Por ejemplo, recuerdo que escribió un tres en la frente de uno de mis compañeros como calificación de un examen desastroso. Otro fue obligado a desnudarse hasta la mitad y después a lanzar su ropa por la ventana tras cometer una grave intemperancia contra una profesora. Métodos simples pero simpáticos. Que nosotros entendíamos. Todos conservamos un buen recuerdo de ellos. Como el coscorrón, de hecho, que no hace daño y, sin embargo, enciende un poco de sana vergüenza y reclama atención.

Hoy, a su majestad el niño no se le toca ni con un dedo. Pero en su mente y en su alma es manipulado toscamente con instrumentos que a pesar de no tener manos penetran y trabajan en la profundidad. Defendemos la piel sensible y las primeras capas de la psique, pero permitimos que a este rey falsamente reverenciado le hagan de todo en lo profundo, en la imaginación y en el espíritu. Estamos en una época hipócrita, que condena el uso del coscorrón y amputa la facultad de profundizar con avalanchas de banalidad y auténtica basura. Un coscorrón nunca ha hecho daños graves. No estoy seguro de que otras cosas no los provoquen. Y no tengo problemas con los medios o los celulares. Pero sí con su mal uso. Y con la falta de propuestas educativas de espesor.

Imaginando el Día de Juicio, el poeta de lengua romañola escribió que esperaba librarla con un coscorrón. Que es el modo de corregir amando. Hoy se prefiere no ensuciarse las manos. Se dice: para evitar la violencia. Pero a menudo es para evitar el amor.

Fuente: Rondoni, Davide, Il fuoco della poesía. In viaggio nelle questioni di oggi, BUR, 2008.

Nota

Como ya lo habrá advertido el lector, en la versión italiana ¿a cargo de Rondoni? del poema de Galli se empleó tozzone para traducir el vocablo romañol tuzón. Esta palabra es inexistente en los vocabolari. Sin embargo, tanto la Treccani como el Olivetti la presentan como una variante arcaica de torzone, sustantivo que se empleaba para nombrar a un fraile converso. ¿Pero qué significa realmente en este contexto tozzone? En el texto fuente, Rondoni lo define como “la versione per così dire simpatica e ruspante dello scappellotto”. La palabra scappellotto sí aparece en los diccionarios italianos. Es un “colpo dato con la mano aperta sulla parte posteriore della nuca per infliggere un lieve castigo o in segno di scherzosa confidenza”. Tanto scappellotto como tozzone son palabras intraducibles al español de México, no existen equivalentes léxicos porque tampoco los hay culturales. ¿Cómo tender un puente? ¿Cómo unir las orillas? Pensé en el zape, pero nuestro zape, si bien puede tener cierto valor disciplinario, por ejemplo, “denle un zape para que se le quite lo menso”, en realidad es más bien bromista o scherzoso. En cambio, el coscorrón se ha inclinado más hacia lo disciplinario, aunque también posee su parte jocosa. “El maestro Constancio nos traía a coscorrones cuando fallábamos en la gimnasia”, cita como ejemplo y con un dejo giocoso el Diccionario del Español en México. Por cierto, en la entrada que la RAE dedica al coscorrón se hace una aclaración importante: éste “no produce sangre”. Finalmente —ya decía de su parte chistosa— recuerdo el coscorrón que le daba Don Ramón al Chavo del Ocho. Como la definición de tozzone que nos brinda Rondoni, en ese acto siempre me pareció ver una mezcla de simpatía, espontaneidad y, sí, amor.

Davide Rondoni (1964) es un poeta, ensayista y traductor italiano. Se graduó en Literatura en la Universidad de Bolonia, donde fundó y dirige el Centro de Poesía Contemporánea. Es autor de varios libros publicados tanto en Italia como en el extranjero. Ha traducido clásicos como Baudelaire y Rimbaud y dirige las colecciones de poesía de las editoriales Marietti e Il Saggiatore. Ganador de distintos premios, también escribe narrativa y teatro, y organiza eventos literarios para la televisión.

Semblanza del Autor:

Juan M. Esquivel

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