Murmullos

Inteligencia Artificial y escritura

El año pasado en la época de lluvia,  los hoyos en las vialidades se hacían cada vez más profundos, por ello hice una petición en la plataforma electrónica para las demandas ciudadanas. El objetivo era que el gobierno se diera a la tarea de arreglar el pavimento del periférico. Nunca había utilizado ese medio y no lo he vuelto a usar, tampoco le tenía confianza en el sentido de su efectividad, pero tomando en cuenta que una siempre se queja y no hace nada, pensé: algo es algo.

En el momento que elaboraba la solicitud tenía varios sitios abiertos, porque a la vez indagaba a quién debería ir dirigida, a qué nivel de gobierno le compete,  cómo la iba a estructurar, estaba empezando a ver todo eso,  entonces escribí: “arreglar  los baches del periférico”, sólo esas cinco palabras, sin querer le di enter, cuando regresé a la página, veo que ya lo hice y que hay una opción que dice algo así como: ¿quieres que la IA  arregle tu petición?,  yo marqué sí.

Para mi sorpresa se produjo un texto largo, en el documento estaban organizadas las ideas, tenía una redacción impecable, incluso contenía estadísticas del INEGI sobre el promedio de cuántos coches caían en los baches cada día,  cuántas averías se producían por aquellos hoyancos, un escrito inmejorable. Esas cinco palabras se  transformaron en un documento profesional, firmado con mi nombre, francamente quedé asombrada del resultado de la IA.

He de confesar que sí usé el texto para la demanda; más allá, la experiencia me fue útil a la hora de escribir lo que me gusta, pero en el sentido contrario, la lección fue NO utilizar la IA.

No es que haya una negativa al uso de la tecnología, en mayor o menor medida, todos nos beneficiamos al hacerlo, es  específicamente el rechazo a pasar por la IA la creación literaria.  Esta determinación surgió a partir de ciertas consideraciones,  cómo la de ¿para qué escribir?,  en el ejemplo proporcionado se puede aludir a varias respuestas: se quiere o se tiene que decir algo, se debe utilizar la palabra para darle voz a los demás, se debe hacer visible tal o cual problema, es necesario compartir información. Se pueden dar múltiples razones, todas válidas para la escritura.  No obstante, del lado de quien escribe literatura como forma de expresión artística, existen otras motivaciones. Además de la necesidad de comunicación, y para ser más modestos respecto a la búsqueda de la inmortalidad (aunque por el mismo camino), hay un imperativo menor: el reconocimiento, un factor que influye a la hora de realizar dicha labor, el o la que escribe también van tras el elogio. No es una crítica, es una cuestión muy humana esta de la ponderación, es como la gente que se precia de destacar en su profesión o de ser muy amable o muy caritativa o de tener una limpieza y orden excesivo o cualquier idea que se tenga de sí misma, que dé soporte a la vida, así también existe la motivación intrínseca de figurar en el mundo a través de la palabra.

Pero entonces, en un silogismo simple, si yo escribo un texto mestizo es decir con la IA, será esta última la de mayor preponderancia porque tiene todas las combinaciones, todo el lenguaje,  la forma más correcta. Así como en el ejemplo, que de cinco palabras se despliega un texto que rebasa con mucho aquella oración inicial, la IA seguramente hará la mayor parte, por lo tanto, la aprobación de lo que escribo, si es que la hay, será apócrifa, es decir será para la IA.

Una herramienta tan fácil de usar, provoca caer en la tentación de hacerlo, los escritores piensan en mejorar sus textos, no obstante, al final ese escrito ya no es suyo, la primera idea si lo fue, pero la IA se lo ha adueñado.  Como en otras áreas de la actividad humana, la IA  pone en peligro el trabajo de los diseñadores, pintores, músicos, así también los escritores fantasmas, que se han mantenido principalmente de los políticos a los que hacen sus discursos y otros textos, corren peligro, ahora sólo se pone el tema y pueden salir documentos, incluso de la extensión requerida, la IA todo lo resuelve. Sí, es un artilugio al que hay que tenerle cuidado porque se mueve sola, hace textos de los que nadie reclamará otra autoría.

Sin embargo, en lo recóndito del pensamiento, una sabrá que ese maravilloso escrito no es propio, podrá engañar a los demás pero no a sí misma. Yo prefiero que lo que escribo vaya con comas de más, tenga errores de sintaxis o prosodia o lo que sea, pero mío, escojo mi texto chipotudo al de la IA. Porque al final me dará lo que busco, la satisfacción de haber producido tal o cual escrito  y esa sí será auténtica. 

En estos cambios vertiginosos, quizá en un futuro la literatura sea un diálogo entre máquinas, lo escrito por un ordenador sea leído, apreciado o desdeñado por otro. Pero, por lo menos hoy podemos darnos el lujo de lidiar, batallar, producir, convencernos de nuestros escritos, entusiasmarnos con la labor y ¿por qué no?, a veces con el resultado. 

La Autora:

Azucena Franco. Nació en la Ciudad de México, es Maestra en Letras Latinoamericanas por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM. Ha publicado cuentos y minificciones en una cuarentena de antologías impresas y digitales, varios de sus textos han aparecido en blogs y revistas electrónicas. Su libro Aforidades y otros barbarismos fue editado en 2024, por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Autora de Corpus cantus, título que forma parte de la colección Minitauro de la editorial La Tinta del Silencio en 2015.

Más en la revista:

1 Comment

  • Azucena Franco

    Una errata donde dice “un texto mestizo es decir con la IA”, debe decir “un texto transespecie es decir con la IA”, a falta de conocer esa palabra utilice una más cercana, pero fue un error.

    Responder

Leave a Reply Cancel Reply To Comment