Murmullos Murmurantes

POEMAS II

Eduardo, mi nombre, nunca me ha gustado
Lalonganiza, Lalocota, Lalolita Ayala…
horrorosas combinaciones interminables
hasta que nombré a mi hija Amelia,
como mi abuela,
y Eduardo me dejó de pesar.

Él cargó a mi mamá de pequeña,
le enseñó a andar.
Al perderlo, mamá se devolvió a su abuelo
igual que yo a mi abuelita.
Así vivimos con ellos un poquito más
y los extrañamos un poquito menos.

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