Al borde de la tarde,
las nubes se vuelven hielo.
Entre risas incontenidas
y largos silencios,
ríos emergen
de tu boca de abismo
y palabras líquidas
te asaltan desde el vacío.
Con la razón adormecida
que te arrebata al filo del viento.
entras en ti y el paisaje te devora,
el horizonte es espada.
Es la agonía de vivir
al ritmo del ahora.
El pasado se te borra
cuando al futuro apenas toca.
¡Terrible vértigo es el instante!
Música originaria
apenas tarareada,
–brotada junto a tu ser–
se desliza entre las flores
de tu infanta memoria.
Te atañen recuerdos
del vientre muerto
en que has venido.
Tu niña, pájaro abandonado,
se te va de las manos
a buscar la ruina
que un día fue nido.
Tu canción pone un alto
al fluir que ahogas,
cordón que te impide
tocar el no-limite. Suspensión.
La ráfaga te revoca.
Karla Osorio Lucas