Murmullos

El despertar crítico de Viktor Shklovsky

¿Cuál es la importancia de las imágenes para la creación artística? ¿Es posible imaginar una poesía que carezca de imágenes? En su texto El arte como artificio, el crítico ruso Viktor Shklovsky, nos entrega importantes reflexiones sobre el papel que adquieren las imágenes tanto para quienes se adentran en la creación de una obra de arte como para quienes se dedican a realizar su análisis.

En este sentido Shklovsky es tajante: “No hay arte y, en particular, no hay poesía, sin imágenes”. Parece así que la poesía es lenguaje, y a un mismo tiempo, es algo más. Ese algo más se hace más evidente cuando sometemos cualquier poema a un examen para descubrir las formas que lo componen.

Comencemos por decir que la poesía se traduce como una determinada forma de pensar, de tensar las palabras, de convertir el lenguaje en canto, música, salvación.

El movimiento de estas imágenes se realiza con cierta ligereza que no es otra cosa que una economía completamente planificada y funcional. Las palabras de un poema tienen que irse depurando hasta que brota la “chispa”, la imagen concreta, el núcleo de la significación. ¿Cuántos elementos se pueden fundir en una imagen? Lo cierto es que la poesía agrupa los significados, es capaz de unir las categorías “ligero” y “pesado para ofrecer una imagen que sin ser una ni la otra cree un tercer elemento: la revelación poética. Dicha forma de pensar el mundo fue ampliamente descrita por Shkozski, pues desde su punto de vista cada imagen era un predicado constante para sujetos variables, de tal suerte la imagen clarifica el significado pero también lo renueva.

Pero volvemos a la pregunta con que iniciamos estás páginas: ¿Es posible la existencia de un arte sin imágenes? Sin duda por largo tiempo esta pregunta navegó en la conciencia del teórico ruso para llegar a concluir que la poesía lírica, la arquitectura y la música funcionan bajo un registro diferente al que él pensó en un principio. La poesía lírica, la arquitectura y la música se aíslan, forman una forma particular de arte que puede carecer de imágenes, y que sin embargo, penetran directamente en la percepción y las emociones.

Nos encontramos ante un resultado significativo: puede existir arte con o sin imágenes.

No obstante, hay mucho más que decir acerca de las imágenes. Para empezar existen personas que consideran que las imágenes se mueven por diversos caminos, provocando que algunas desaparezcan, que otras se anulen y que otras sean olvidadas para siempre. De siglo en siglo, de poeta en poeta, de corriente en corriente, las mismas imágenes permanecen de cierta manera. Casi parecen que estas imágenes permanecen a todos y a nadie, son parte de una tradición que se alarga como los siglos, son de tal suerte una transmisión que es estática y móvil al mismo tiempo. Por eso, leer a un poeta es encontrar a su predecesor, las imágenes de la creación poética se encuentran plagadas de “ecos”, de sonidos que no se mueven, sino que apenas se actualizan a través de pequeñísimos cambios.

Todo el trabajo que realiza una escuela poética no es más que la acumulación y la actualización de las imágenes que existen, lo que se busca es cómo disponer de las imágenes de la tradición a través de pequeños procedimientos mediantes los cuales se manipula la materia verbal. Las imágenes están allí, existen, la continua lectura de un autor nos revelara los procedimientos que utilizó para llegar a su “revelación”: una “revelación” sostenida por completo en la tradición pero resignificada a través de pequeños matices que son increíblemente novedosos y a un mismo tiempo difíciles de lograr.

Victor Shklovsky realizó un examen meticuloso acerca de la “Ley de la economía”. Lo que demuestra al final es que dentro del trabajo creativo se busca afinar el lenguaje de tal manera que concentre los símbolos y el pensamiento que se encuentre disperso, y que estos elementos, se eleven en una forma particular que las revele, las unifique, las vuelva elementos de gran sencillez para la percepción humana.

De tal suerte parece que la conciencia busca la concreción ante ciertas representaciones artísticas. Esta economía parece que proviene en gran medida de los recursos que se encuentran presenten en la comunicación oral. Las expresiones que se desarrollan de manera espontáneas enriquecen al ejercicio poético. Pero lo contrario sucede con los registros que buscan para su desarrollo los caminos de la prosa. En otras palabras: la imagen poética es la danza mientras que la prosa es la marcha. La ley de la economía en el lenguaje poético se desarrolla a partir de la premisa de hallar en cada creación el núcleo poético; nombrar al mundo sin desperdicio, con tensión, de manera directa, y en cierta medida, mediante los recursos dinámicos que en algún momento formaron parte de la oralidad.

Sobra la desautomatización

Esto quiere decir que la conciencia humana se automatiza ante lo conocido, percibe el exterior de manera parcial y se convierte en una suerte de espesa neblina que impide al ser humano penetrar en el mundo de las revelaciones. Pero el arte cambia esta situación. La poesía logra  desautomatizar la mente debido a que funciona como un motor de evolución lingüística.

El arte trabaja con la materia y el significado, toma la vida cotidiana que se encuentra delante de nosotros y nos la devuelve transformada bajo un nuevo entramado de significación. El instante vuelve a brillar, las puertas de la conciencia se abren y somos capaces de penetrar en aquello demasiado conocido y demasiado visto. Esta es la esencia del arte mismo, piedra basal que sostiene a los significados artísticos y poéticos.

Si bien la poesía trabaja con metáforas, pensamiento, ritmo y  tensión y diferentes recursos lingüísticos, lo que busca es despertar el grito original. Shkozski, llego a diversas conclusiones, pero mantuvo a lo largo de toda su vida la idea de que el arte renueva los vínculos con el referente, a través de las palabras la conciencia vuelve a penetrar en los objetos que le son completamente cotidianos, y que por lo mismo, deja de observar con ánimo verdadero.

Alejandro Cruz Domínguez

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