Mi segunda visita al Teatro Juan Pablo Tavira en la Penitenciaria de Santa Martha Acatitla fue para presenciar El Mago Dioz, adaptación de El Mago de Oz.
La obra fue escrita en 1900 por L. Frank Baum bajo el título de “El maravilloso mago de Oz” y en 1939 llevada a la pantalla grande por Víctor Fleeming. La historia es un clásico que ha sido montado en musicales y series animadas tanto para televisión como fílmicas. La cinta es un referente cinematográfico mundial.
Ésta puesta en escena es una de las tres con las que actualmente tiene en programación la Compañía de Teatro Penitenciario y llevó alrededor de tres años la realización del proyecto.
De nueva cuenta la cita fue en el Foro Shakespeare para partir en grupo a la cárcel de Santa Martha. En esta ocasión ya no había nervios ni tensión por ir a un lugar desconocido y poco inhóspito. No demerita respeto pero es diferente con el conocimiento previo de lo que vendrá.
Llegando al registro de visitantes inevitablemente observó a los familiares de los internos; entre ellos gente adulta, niños, mujeres, traen consigo comida y la esperanza de ver a sus seres queridos. Se nota que la mayoría de estas personas han hecho un trayecto largo; tan largo como debe ser su cansancio, los procesos penales, sus rezos, ausencias y sufrimientos. Hay una división tan frágil en nuestros actos y todos estamos expuestos.
Caminando por el patio común donde la población está en sus actividades lúdicas, el calor y lo seco del lugar se resiente al doble, llegando al interior de las construcciones el ambiente es más fresco.
La gente es receptiva y dirige saludos y pide no porque estén feos no los veamos o respondamos a su bienvenida. Los internos siempre se han comportado de una forma educada, en ningún instante se percibe que algo pueda salirse de control. Ellos ofrecen sus productos de artesanías que han trabajado con sus manos, donde en los talleres han encontrado un oficio y lo han llevado a cabo; es incómodo no poder ayudar, no comprarles un llavero, da un poco de tristeza que uno de ellos dice “son tantos y ni una ayuda”. ¡Pobres diablos! ¿Ellos o nosotros?
Previo a la obra, ya en el corredor largo y percudido que lleva al teatro, las indicaciones son no levantarse de sus asientos, no sacar brazos o manos, no bajar los pies. Desde adentro se escucha música rock en vivo.
Entrando se ve una escenografía dispersa y una banda de música en una de las esquinas. Nos sientan por grupos y todo empieza a girar. Las tarimas donde están colocados los asientos van de un lado a otro al ritmo del rock and roll tocado por los internos. Esto sí es rock de la cárcel.
Cuando la música cesa y uno deja de moverse, inicia la obra. La historia parte con Doroteo y su fiel cachorro Toto, quien después de matar accidentalmente al hermano de la bruja mala del cuento, recibe unas botas rojas de mano de los mushkins quienes lo decretan su presidente. Doroteo quien proviene de la tierra lejana de ChimalhuaKansas, solo desea regresar a casa.
Los mushkins aconsejan a su presidente ir a Ciudad Vanguardia, al norte, y buscar al Mago Dioz quien le ayudará a resolver su situación. Durante el trayecto por el camino amarillo, el cual es misterioso y extraño, Doroteo y Toto encuentran a Mr. Bird, quien se une a ellos en su búsqueda del Mago.
Continuando su camino, mientras en vivo suena “los caminos de la vida”, llegan a la oficina del Licenciado Platas quien no tiene un corazón ni para pasar tiempo con su familia, prefiere estar en su oficina trabajando y al pendiente de su teléfono celular. Él también se une a la aventura para solicitar un corazón y querer un poco a su familia.
Posteriormente en su andar, dan con Leónidas, ex judicial que después de ser un oficial ejemplar pasó a ser tan corrupto como el sistema para el que trabajaba. Él ya no tiene valor y ha perdido su confianza, después de escuchar los argumentos de los singulares personajes, decide ir con ellos y encontrar el coraje que le hace falta.
El camino amarillo que lleva a Ciudad Vanguardia no es fácil y en su andar encontrarán situaciones que parecen vencerlos pero su deseo es mayor.
La moraleja de la obra es sobre nuestros sueños, nuestra libertad y las barreras que nos impiden conseguirlos. Alguien en el público dice “mi deseo escribir” y Doroteo responde “hazlo”.
El trabajo presentado por los internos de la cárcel es extraordinario, las caracterizaciones de los personajes y su casting de gran factura, el escenario y el esfuerzo técnico denotan las ganas de luchar y trabajar en ello.
La Compañía de Teatro siempre agradece la asistencia del público por la inversión de tiempo; más que recibir esa gratitud es un deber ayudarles asistiendo, ya que los actores se preparan durante la semana para crear una reacción, una sonrisa o un llanto; ellos esperan la presencia en sus butacas.
Nos dicen: “la grandeza está en ti, no esperes a que Dioz resuelva la vida”.
Xavier Ariza