I
Occidente tiene una obsesión con Oriente, enésimo ejemplo de ello lo es el videojuego Ghost of Tsushima (El Fantasma de Tsushima), publicado en 2020, que sigue a un samurái (el fantasma del título) mientras combate al Imperio Mongol durante el intento de invasión que Japón sufrió en el siglo XIII. Para un juego programado en Estados Unidos, cuyo enfoque principal es la acción y el combate, me sorprendió que se diera la pauta de incluir mini-juegos de “composición” de haikus: al jugador se le muestran opciones de verso para que los acomode como quiera. La revista “Kotaku”, especializada en videojuegos, acudió con Jim Kacian, fundador y director de la Haiku Foundation1 para preguntarle su opinión. El experto comenta, aparte de que históricamente no sería congruente porque el género no estaba definido como tal en ese siglo, que el juego falla en su intento de capturar la tensión del haiku, mismo que revela lo invisible en lo evidente, y termina desviándose a la metáfora superficial: cuando el juego hace mención a un “Templo dorado” como símil de un bosque repleto de hojas otoñales, en la escritura del haiku se haría referencia efectivamente a un templo dorado; a mí varios me han conmovido y son de mis partes favoritas de la aventura digital.
Cabe resaltar que Kotaku le mandó a Kasien los haikus del Ghost of Tsuhima por correo electrónico, por lo que un detalle puede perderse: la interactividad. Como parte del mini-juego, el jugador, utilizando el control de la consola, tiene que fijar su atención a puntos específicos del horizonte frente al samurái para que los versos sean revelados: la contemplación tiene un lugar fundamental en la creación de la estrofa. Virtualmente persigue la captura del instante, como sucede con el haiku en la realidad.
II
El haiku es heredero de una larga tradición poética: el tanka o wanka, que según el autor consultado puede ser el poema clásico japonés o canción japonesa (siglos VIII a XII); dando pie al renga, serie de tankas vinculados entre sí con la característica de que se escribe de manera comunitaria entre varios autores (siglos XII a XVI); adquirió una esencia popular y satírica y fue denominado haikai no renga que terminó dividiéndose en unidades poéticas individuales, nombradas haikai no hokku, que derivó en el 1800 en la mención haiku, el cual tiene una estructura de tres líneas con métrica básica de 5 sílabas la primera y tercera, mientras que la segunda tendría 7 (5-7-5), siendo su expositor principal Matsuo Bashō (1644-1694), el gran poeta del período Edo:
Terco esplendor
frente a la lluvia, erguido
templo de luz2
Raúl Renán platica que después de leer a Matsuo Bashō se inspiró para escribir su primer e inconseguible libro de haiku erótico Lámparas Oscuras (1976) publicado bajo su propia editorial independiente: La Máquina Eléctrica. En entrevista con Mariana Bernárdez, el maestro regala mi definición favorita del haiku: la aventura de reunir en unas cuantas palabras una idea3.
Lámparas Oscuras sirve de ejemplo de la relación de los poetas mexicanos con el género. El referente principal lo es Juan José Tablada, quien fue el primero en desarrollar una obra de haiku en lengua hispana, comenzando con sus poemas sintéticos contenidos en Un día… (1919):
Los Ruiseñores
Plata y perlas de luna hechas canciones
Oid… en la caja de música
Del kiosko de los ruiseñores
La escritora Seiko Ota con su libro José Juan Tabalada: su haikú y su japonismo4, fija su mirada en los rasgos principales del haiku tablariano, obviamente diferente al clásico, así como en la sensibilidad que Tabalada tuvo para abrirse a la cultura japonesa, a su arte y a la naturaleza que inspiró su poética.
Octavio Paz, en directa sucesión de Tablada, escribe en su ensayo “La tradición del haiku” que sirve de prólogo a su versión revisada de Sendas de Oku traducida junto con su amigo Eikichi Hayashiya, que Japón es una escuela de sensibilidad, ante la cual la palabra sentir, como la entendemos, no alcanza a describirla. Ejemplifica lo anterior con la advertencia que Tablada manifiesta sobre dejar la traducción de la palabra kokoro simplemente como “corazón”:
“kokoro es más, es el corazón y la mente, la sensación y el pensamiento, y las mismas entrañas, como si a los japoneses no les bastaré sentir con sólo el corazón”
Kokoro representa una órbita equidistante entre sensibilidad y racionalidad presente en el arte japonés, como Paz lo ejerció en la escritura del género:
Hecho de aire
entre pinos y rocas
brota el poema5
III
En el Ghost of Tsushima, un personaje genérico le dice al fantasma que en tiempos de guerra es más importante que nunca sujetarse a la poesía porque nos recuerda a la ilusoria paz. Ahora, bajo el asedio bélico de los días pandémicos, si permito palpitar a mi kokoro, la contemplación del concreto cubierto con tapiz de flores, la naturaleza que me rodea, resaltará siluetas en primer plano, antes ocultas, así como el rayo de sol dibuja a las nubes de invierno:
Flor amarilla
rodeada por la noche
luce tan viva.
1. La página de la fundación alberga un ensayo muy puntual sobre la historia del haiku en México escrito por Amélie Olaiz y Saveiro Rodríguez. Puede leerlo en wwww.thehaikufoundation.org en la sección Haiku around the world.
2. Traducción de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya.
3. Mariana Bernardez, “Todo está en la línea: conversaciones con Raúl Renán y 15 poemas inéditos” UAEM, México, 2008.
4. Seiko Ota, “José Juan Tablada: su haikú y su japonismo”, FCE, México, 2014.
5. Del poema Bashō An que pertenece a Árbol adentro (1976-1988).