Colaboración

ERES MÍO  

Hoy como una briza tibia de verano, en una tarde de tediosa lentitud, por casualidad efímera,  me conocerás, sin saber cómo, solo porque si, con fortuito desgarbo, en una calmosa plática  me descubrirás, y hablaremos de ti, de mí, y con la sonrisa alegre del futuro haremos el  mañana, día por día un milímetro a la vez, me haré de ti de a poco, primero en decisión casual,  me preferirás, anteponiéndome a lo que antes era la mas lúdica diversión, me cobijaré en tus  sueños y tibiamente acurrucado en mi regazo sentirás el placer de ser para mí, así,  entrelazados por las manos, viendo sin ver, todos mirarán como ahora somos uno. Ya estoy  en ti, sabré que ya es hora, con privativo dolo, vestiré tu intimidad, haré de tus colores en  chillante claridad una tétrica penumbra, en la lacónica vista de los que aun te ven mirarán  con indiferente desprecio a otro lado, ignorando con fastidio lo que ya eres, mi fiel súbdito,  sumido en esa vacua obscuridad te parecerá oír en un murmullo que habla de ti, de lo que  fuiste, pero con arrogante soberbia gritarás el nombre de mi hermana, libertad, desterrando  por siempre el último bastión para salvarte. 

Así bebiendo a pequeños sorbos de la copa de la vida, tomando para mi cada instante de lo  que otrora fue felicidad, ya no existes, eres mío, egoístamente solo mío, caminando juntos,  abrazados en triste comunión te haré dormir, en embriagante letargo, donde únicamente yo  existo, bien la reconfortante pereza no será suficiente para quedarte, un tierno susurro del  pasado, te recordará quién fuiste, miras con triste nostalgia lo que dejaste, la hermosa sonrisa  de un amor, la mano pulcra de tus cercanos, la sincera protección filial, impulsado por el  incisivo recuerdo buscarás su regreso, pero ya no están, se fueron, te las quité, te quité todo, aún peor, las dejaste ir. 

Ahora me miras suplicando por emancipación, que no te daré, ya es tarde, aun así, tú ira te  empodera, con frenética desesperación lucharás, en enardecida ceguera cometes más errores,  ahora lo lejano es inalcanzable, al fin lo comprendes, me ves como soy, fría, cruel, y bella,  lejos de rendirte aprendes; con tozuda tenacidad buscarás la salida, en un quizá, en despectiva  dádiva seas uno de los pocos que exima, y podrás gritar la advertencia de mi nombre,  Soledad.

Colaboración enviada por Héctor Adrián Montes Cervantes

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