I. La pantalla
En el campo del cine, la palabra equivalente para directora (la que dirige la mirada) en francés es réalisatrice (realizadora: quien concibe la realidad), diferencia semántica apropiada para la cineasta Maya Deren.
Tuve la fortuna de atestiguar en la pantalla grande Meshes of the Afternoon (EE.UU., 1943), la obra icónica de la filmografía dereniana. Cuando terminó y la luz regresó a la sala, era incapaz de decir que me había parecido porque carecía de algún referente familiar al cual sujetarme. La cámara de Maya tantea una atmósfera creada por el tiempo onírico que se teje como resultado de experimentar con el montaje. El enfoque reposa en la emotividad, no en la narrativa. Como artista, no sólo encuadra un punto de vista particular del mundo, alumbra el propio.
II. La página
Deren publicó varios textos que sirven como su propio detrás de cámaras literario. A través de ellos encuadra en primer plano sus inquietudes sobre el quehacer fílmico y deja en claro que la creación cinematográfica no puede ser dictada y monopolizada por Hollywood: la falta de presupuesto la desborda con imaginación y pericia. Me cuenta que si necesita otro escenario, acude físicamente con su cámara de 16 milímetros cargando a otra locación; si requiere de una actriz, porque ella tiene que estar detrás del lente, recluta a su amiga quien solo puede ayudarla los sábados; sabe que comprar equipo más moderno no es la clave para que se realice una mejor película.
Mientras los críticos la nombran exponente del cine Avant Garde estadunidense, surrealista, coreográfica; Deren aclara que sus películas van dirigidas a un área especial y a una facultad determinada existentes en cualquier ser humano: a la parte de él que crea mitos, inventa divinidades y medita, sin un propósito práctico, sobre la naturaleza de las cosas1.
El binomio de su obra fílmica y escrita es aire fresco al misterio que impera donde la sala oscura.
III. La vida
«Por qué hace estas películas», le cuestionan. «Eso me pregunto yo. A veces es un trabajo terriblemente duro»2, contesta Maya.
Camino el parque con ojos de recién nacido. Prendo la cámara y el frío puede esperar, retornaré a su melancolía después. De todos los milagros que la naturaleza alberga, cuál me permitirá que fije su elegancia en lente: el vaivén de las hojas al compás de la brisa, el amanecer anunciado en piedra. Lo pequeño refleja lo apoteótico, murmura mi nombre. Otra mirada dirige y la belleza se revela:
1Extracto de la «Declaración de Principios» que ella recitó en el Living Theatre, Nueva York, 1959. La traducción es de Carolina Martínez, tomada de su libro «El Universo Dereniano: textos fundamentales de la cineasta Maya Deren».
2«La Magia es nueva», 1946, idem.