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Provocación

Mi cuerpo yace sobre la cama, no hay algo en el ambiente capaz de perturbarme y sin embargo mi pulso se acelera. Intuyo que dos ritmos me pertenecen: uno que es silencio, como esta tarde de sábado, y otro que obedece a mi cruel deseo.

El día transcurre sin que los ritmos se acompañen, ¿llegará la hora en que al unísono me resuenen de dónde vengo y hacia qué lugar dirijo mis pasos?

Por ahora me deslizo en una espiral infinita, me siento lejana del comienzo y me entrego al abismo, pero confío con el alma el lugar en el que me va a dejar caer y hago la fuerte promesa de que me voy a soltar con el corazón hinchado de lo que aprendí.

Antes de caer, lo único que me queda es provocarme, ser yo misma y vivir en el vaivén de un ritmo propio, inventado de las ruinas si es necesario, y que tenga su umbral en lo honesto y no en lo perfecto, que me permita unir en una sola hebra el pulsar que hay en mí con el exterior.

 

Alejandra Pérez Torres

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